Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Las dos caras de la autodestrucción

El club de la lucha nacía hace quince años como película, y dieciocho como novela, como coyuntura personal, como respuesta a una vida acostumbrada a la rutina, a los designios de una sociedad sentenciada a consumirse en si misma y a orientarse según una alternativa autodestructiva. En este sentido, esa tangente es inconsciente, más dirigida al egocentrismo de los individuos que a su propia convivencia. El personaje protagonista, Tyler Durden, anarquista redirigido al sentido más bello, amplio y profundo de la violencia política, personaliza un modelo de existencia de lo más atractivo, y a la vez, incongruente, con la filosofía que defiende. La sociedad se autodestruye y no parece sentir remordimientos por ello, sino que disfruta sobrepasando sus límites. Tyler parece consumido por su disfrute, por su gozo a la hora de aleccionar a un mundo en decadencia, si bien la violencia que aplica sobre él va fuertemente marcada por un sadismo precoz, oscuro y emocional. Su estatus de psicópata, de voz de una conciencia sobrehumana, sólo es entendible si se analiza como respuesta meramente sentimental. Ya sea el amor a la violencia o el odio a la sociedad, los cimientos de ese pensamiento se contradicen dentro de su contenido más que en su origen. Porque El Club de la lucha combate las reglas con reglas, la imposición de una doctrina social con una individual, etc... pero todo parte de la misma base: el desahogo de la impotencia. Chuck Palahniuk describía en la novela homónima un mundo que se había vuelto tan apático que el mero hecho de que existiera gente que quisiera pelearse brutalmente entre si era un rasgo esperanzador de la humanidad. De hecho, Fincher, en ese sentido (y en casi todos) es muy escengráfico. Toda la acción transcurre en distintos sitios pero en una misma atmósfera, donde reina una frialdad desoladora. Las personas actúan, en definitiva, como autómatas, siendo esto clave para el desarrollo de la historia, porque establece que podría no haber nunca un elemento disruptivo en ese mundo tan frío. Allí es donde entra en escena un protagonista que quiere salvar al mundo ofreciéndole una redención en forma de castigo final. Todo es horriblemente cínico, por supuesto, pero dentro de la realidad en la que se desarrolla el filme, es brillante. Un hastiado Edward Norton refleja a la perfección lo dejativo que puede ser un individuo con respecto al mundo que le rodea si no se siente parte de él. Lo que hace Brad Pitt, sin embargo, se corresponde más a un ejercicio de carisma. El guión gira entorno a él, pero además de eso, le ofrece la posibilidad de convertirse en un poderoso e inteligente filósofo, canon de belleza y ejemplo de madurez dentro de sus actos. Irónicamente, la historia de El club de la lucha muestra lo que sería el mundo si su población se guiase por determinados modelos de perfección, cuando Tyler Durden (Pitt en la ficción) los agrupa prácticamente todos. Sin embargo, a diferencia de los demás, no por ello cree en si mismo, sino que se coloca por delante una serie de objetivos que puedan realizarle de verdad, como si todo lo que hubiera conseguido sólo sirviera para darse cuenta de que sigue siendo como los demás, con la importante excepción de que Tyler lo reconoce. Ahí es donde empieza esa suerte de depresión que hunde al narrador (Norton) al ver que quiere desalienarse de la sociedad pero no encuentra cómo. De tal forma, el club de la lucha surge como instrumento, y al final acaba siendo la base de la convicción de que la violencia es la nueva filosofía; con ella se pretende combatir los males de la sociedad que han provocado su estancamiento. Si se le puede reprochar algo a la película es que es más un complemento de la novela que algo que funcione de forma autónoma, porque como tal, podría parecer mucho más simple de lo que es, y su cinismo acabaría con ella para el gran público.
No dejaría pasar la posibilidad de leer el libro de Palahniuk, porque ofrece una visión de los escombros de la humanidad que vale la pena conocer por si algún día acabamos siendo un reflejo de ellos. Por otra parte, está escrita según un orden en el que se narra lo pasado, lo presente y lo futuro de lo que se habla en cada capítulo, de forma en que la continuidad de la novela no se pierde en ningún momento, porque mientras ocurre algo, no dejan de ocurrir más cosas tanto antes como después, y Fincher acertó en reflejar esto en los primeros compases de la película, donde no hay una ordenación esquemática, sino que se deja más a merced del espectador. Justo como su mensaje.

El artículo se publicó el día 22/11/2014 en el diario Málaga Hoy:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1905661/la/autodestruccion/y/la/misma/moneda.html

lunes, 5 de mayo de 2014

Del odio y otros vicios

Lock & Stock, de Guy Ritchie.
La vena gamberra del cine moderno llega hasta el corazón de unos pocos realizadores. El derribado Guy Ritchie hoy llora porque su primer tercio de filmografía ya no es una marca de estilo, sino un legado consumado; Quentin Tarantino se aleja cada vez de su firma, que, aunque no propia, parecía homenajear con algo de estilo, y por ahí andan desperdigados los trazos de Joe Carnahan en su intento de emular algo mínimamente parecido. Sin embargo, Ritchie siempre ha necesitado vincular la esencia cultural de Inglaterra a su universo particular. Londres, en su cine, es la cuna de la tontería, de los errores y de la desfachatez. Y si alguien conoce algo de la desdichada naturaleza humana ligada a sus raíces, ese es Irvine Welsh. Natural de Edimburgo, traslada alli, o a cualquiera de sus arterias sub-urbanas, sus peculiares tragicomedias, sus cuentos sobre la moral apagada, la ética inexistente y el descenso a los infiernos. Se trata de un autor que escribe obras aparentemente apaisadas, cimentadas sobre un enorme contexto social y político, que usa para divagar acerca de las oscuras acciones de sus protagonistas, que en su mayoría carecen de valores que no vayan ligados al egoísmo. Danny Boyle ya se recreó bastante en su adaptación de Trainspotting, mostrando en primera línea a un grupo de jóvenes de Edimburgo como una panda drogadicta, movidos por el sentido de la acracia, el egoísmo y algunas nociones de anarquía social, para acabar revelando que dichas aspiraciones tan oscuras se estructuraban sobre un pasado todavía más oscuro. Aqui, Boyle arriesgó y tenía las de perder. No solo porque la novela recoge la involución moral de sus personajes con un nivel de detalle que a cualquier adaptación se le escaparía, sino porque, de no ser por la naturalidad descrita en la novela, el relato perdería cadencia. Trainspotting (película) no pasa de potable por el mero hecho de que es una adaptación muy pobre disfrazada de muy brillante. Pero a Boyle no se le puede culpar, porque la mejor adaptación que se podía hacer en este caso es una que está un pelo por encima de la mediocridad. Con ella instauró un tipo de cine basado en la filosofía del joven perturbado, del aparatoso pasado que ocultan algunas acciones que, a priori, parece que carecen de lógica o de cualquier sentido, aunque sin la trascendencia de la novela.
En 1998, Welsh escribió Escoria, la historia del sargento de policía Bruce Robertson, lo más parecido a un gamberro en el cuerpo de un adulto, que reúne todos los vicios habidos y por haber, aunque dotado de un olfato privilegiado para la investigación criminal. La novela estudia, más que la impresionante inteligencia de su protagonista, la motivación personal que lo lleva al odio y a la rabia, que generaliza sobre casi todo el que le rodea. En este caso, se descomponen todos sus vicios para encontrar el porqué de su existencia, hasta llegar a una infancia donde el odio lo llevó a tomar partido en la lucha anti sindical de Margaret Thatcher, en el bando de los policías que repelían a los obreros, entre los que estaban conocidos suyos, y a los que no le importó aplastar para saciar una rabia descomunal, que como adulto trata de apaciguar usando las debilidades de los demás en su favor.
James McAvoy en Escoria.
Y aunque la trama parezca poco enrevesada, la sátira y el humor más ácido aquí toman formas descabelladas; casi alucinógenas. Por lo tanto, se podría decir que se trata de uno de esos libros 'malditos' e inadaptables. Sin embargo, Jon S. Baird la ha trasladado al cine con un sentido del esperpento por el que hay que dar las gracias. Y también por un trabajo pletórico de James McAvoy en unas de las interpretaciones más cuidadas y laboriosas que han podido presenciarse en la última década. No sólo convence; ya sean gritos, insultos, o sus propias lágrimas, todo se sale de la pantalla. Pronto la malicia que le provoca se convierte, con dureza, en una debilidad que lo lleva a los infiernos.

Su desfase no solo supera al del Jordan Belfort de DiCaprio en El lobo de Wall Street, sino que su personaje, por lo menos, en su decadente y arrítmico final, y entre tanto exceso y desenfreno, despierta la empatía. Robertson oculta sus más profundos temores detrás de su odio, y con él cae para comprender que estaba destinado a acabar de la peor manera posible, o que por lo menos, nada ni nadie podía entenderle realmente. Por ello su rabia, en parte, constituye un símbolo de resignación. Su rabia hacia el mundo representa que jamás formará parte de él; no quiere hacerlo. Por lo que ya está muerto. Y para él, es una juerga hasta la muerte. 

Articulo publicado en Málaga Hoy: Ver original


jueves, 3 de abril de 2014

Diario de un crítico (I) Consejos

Ser crítico de cine es durísimo porque conlleva una  gran responsabilidad. Spiderman también tenía una gran responsabilidad. Pues yo igual, solo que a mi me pegan más.

Lo primero que debes hacer para ser un buen crítico es ser sincero. La sinceridad es lo más. Hoy en día, dicen que los últimos restos de sinceridad se encuentran en nosecual antigua ciudad mesopotámica...
Total, debes ser muy sincero, lo cuál no debe costarte nada de nada porque no tienes a quién engañar, ¿me oyes? TÚ no, yo si. ¿Entiendes? Esto es el punto número 2 de los consejos que vas a recibir: arrogancia. Se el crítico más arrogante del mundo, más que Boyero. Si, MÁS QUE BOYERO. Debes tener un ego más grande que el pozo donde naciste, tan grande que la gente que esté a tu alrededor flipe y diga: 'Joder, que ego tiene'.

Después, debes escribir más o menos como los críticos de FOTOGRAMAS. Esto es: escribe unas cuantas palabras bonitas (usa Wordreference, que pa algo está),  y luego ponle nexos a todas las frases, pero ojo, intenta poner pocos puntos. En un artículo de 5000 caracteres si hay más de 2 o 3 frases va a parecer que quieres ser de esos que le dan sentido a lo que escriben. No lo hagas. NO LO HAGAS, tú no quieres eso, tú no quieres que se te entienda, porque para entenderte ya estás TÚ. Eres el puto amo, tío.  Hazme 10 flexiones.

Cuando hables con famosos ponles diminutivos y cosas así para que vean que te crees eres superior a ellos. Esto es muy importante. Cuando hables con Mario Casas, llamale...Casitas o lo que sea. Mejor te ilustro con un ejemplo:

(Tú, crítico, estás delante de Mario Casas)
Mario Casas: Hola, buenos días.
TÚ: Holaaaaa, Casitas.
(te mira fijamente)
(Sonríes de una forma terrorífica y te cruzas de brazos. Delante suya. SI.)
FUCK YEAH

Esto no lo hace Boyero, pero si lo llega a hacer lo parte. DA IGUAL, TÚ LO VAS A PARTIR CON ESTOS CONSEJOS.
Procura vestirte con una camisa abotonada hasta el cuello y peinarte de forma que infrinjas miles de leyes físicas para ello. Amigo, si consigues trabajo con estos consejos, yo, personalmente pediré que te despidan y que no te vuelvan a contratar porque me estarás haciendo la competencia. Espera ¿qué competencia? Puajajajajajajajajajaja.

domingo, 30 de marzo de 2014

Cobertura Festival de Málaga

Aqui están recopilados mis artículos y críticas durante mi cobertura en el Festival de Cine de Málaga.

Sección Málaga Premiere

Pancho, el perro millonario
En el culo del mundo
Congreso
Linko

Sección Zonacine
Paradiso

sábado, 29 de marzo de 2014

Final de Lost (Perdidos) EXPLICADO

OJO A LOS POSIBLES SPOILERS

Bueno, uno ve el final de Lost pensando que no se puede entender a la primera. De hecho, si que se puede. Yo lo entendí a la primera, y es una mierda.
Pero ahora que Damon Lindelof se ha hartado de lo que probablemente sea un chute de esas cosas que toman las personas muy malas (drogas, niños, son drogas, no las toméis u os saldrán unos guiones repletos de calamares sin tinta)(SIN TINTA), por fin ha desvelado la explicación a uno de los finales más curiosos de la historia de la TV.

Bueno...yo, o sea, lo que yo pienso del final de Lost es que es redondo, o sea, la historia no tiene ningún giro dramático asi muy gordo ni nada ¿no? A ver, si, están todos muertos y toda la pesca, pero que eso se ve venir ¿no? Yo en el momento en que rodamos la tercera temporada cogí el guión del quinto episodio, le pegué a Mathew Fox en la cabeza con él y les dije a todos los presentes: "Vais a currar aqui hasta después de muertos". Y bueno luego ya se me acercó JJ y me dijo: 'Tio, esto no puede ser asi, cúrrate un final guapo que deje a la gente loquísima', y le dije: 'Va, la siguiente temporada ya es la última'. Yo lo iba a hacer, en serio, pero me acababa de comprar un barco, y luego, pues, quería que en ese barco hubiera otro barco, y dentro, un avión. Yo no es por nada, pero con las cosas que pasan en la serie ves que ni un barco ni un avión son muy seguros. Explotan. No me gusta que las cosas exploten, asi que si metes un barco dentro de un avión supongo que no pasa nada ¿no? Polos iguales se repelen ¿right?
Total que vamos por la quinta temporada y se me ocurre la idea de trabajar con Ridley Scott y me dice: 'What?'. Pero luego pensé 'ostia, si hablo en castellano por toda la cara'.
Arreglamos un guionaco impresionante sobre como se reparten los moluscos en la lonja de Málaga. Al final le pusimos Prometheus de título y un tipo se vino y cambio algunas cosas.
Yo mientras decidi acabar Perdidos por motivos varios. El primero, porque me obligaron. JJ pillo un mosqueo importante, me rodeó el cuello con sus manos de camionero y me dijo: 'O acabas la serie o acabo contigo'. Y le dije: 'Ya has acabado conmigo'. Y me dice: "¿Qué?", y le digo: "Exacto".
Asi nació la idea de que Perdidos acaba en coyuntura entre metafísica y metanfetamina...o sea, entre metafísica y algo más tangible, algo como los billetes de 50 pavos que gano por cada minuto que respiro...ahhhhh, no caigo ahora mismo. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Festival de Málaga - Notas 2

Festival de Málaga
Notas

1.- Me encanta la cursiva porque así todo parece más bonito.
2.- Crisis.
3.- Asesinato.
4.- Notas.
4.- Lo dicho: bonito. Más bonito.
5.- Ayer vi el documental de Buenafuente que va sobre Buenafuente porque cuenta cómo Buenafuente perdió su programa Buenas Noches y Buenafuente, y luego se deprimió.
6.- Va sobre Buenafuente. LOL
7.- Nota para un guión: Buenafuente se mira a un espejo y se ve torcido. Duración: 2 horas y media.
8.- El festival de Málaga mola.
9.- Yo no he escrito eso.
10.- Málaga Palacio. Hotel. Coca-Cola a 3 euros. Creo que me han entendido mal.
11.- Sale Maxi Iglesias. ¡¡¡¡EL DE VELVET, EL DE VELVET!!!!
12.- Pero si no va de verde ¿?
13.- Ah, una serie. Y grito: PERO SI ESA MIERDA NO LA VE NADIE.
14.- 3 horas después me despierto inconsciente y a 2 kilómetros del hotel.
15.- RUEDA DE PRENSA de una peli de dibujitos. Va de un hurón drogadicto que se desengancha del caballo gracias a la ayuda de Stewaldo, su amigo el ratón con Parkinson. 
    John Mathews Microsoft Stevenson del diario New York Times escribe sobre la peli:
             "Probablemente, refleje con exactitud la carencia de estilo que últimamente tiene Disney para diseccionar los comportamientos de un ratón cuando se mueve tan rápido que parece un vibrador con sobrecarga"
16.- El director de la película, un tal Fernando Apple, se le acerca y, suavemente, le corta la cabeza.
17.- Yo si acaso digo que la película se deja ver.

Festival de Málaga - Notas 1

Festival de Málaga.
Notas
 sueltas.

1.- Pancho, el perro millonario es una burrada.
2.- Pancho, el perro millonario va de mal en peor.
3.- Pancho, el perro millonario, sacrificado PERO YA.
[Salgo de ver Pancho, el perro millonario]
4.- Pancho no pagaba a hacienda.
5.- Pancho era Al Capone...a su manera.
6.- Pancho vivió feliz durante varios años, defraudando a hacienda, hasta que en su casa entraron los de la SEC, lo pillaron encocándose y pinchándose mientras espuma blanca emergía de su boca. 
7.- Los agentes de la SEC lo miran de arriba a abajo (coño, es un perro, no hay mucho que mirar) y deciden:
      1.- Darle agua.
      2.- Pegarle un tiro.
      3.- Robarle la cocaína.
      4.- Robarle todo lo demás.
...y listo, un día normal en un agente de la SEC.
8.-Hubiera triunfado Pancho, el perro de Wall Street.
9.- Mucho cobre hay por aqui, eh.
[Una hora de laborioso trabajo más tarde.]
10.- Pues hala...ya no.
67.- No se contar.

miércoles, 19 de marzo de 2014

El Wide Receiver y su primer touchdown

Inauguro mi nuevo trabajo profesional de representante de jugadores de fútbol americano asistiendo al primer partido que veo de fútbol americano, al que al otro lado del charco llaman simplemente fútbol, football en inglés. Es como si le preguntas a una araña cómo se llama la tela de araña. Te dirá que la llama 'tela'. Sin más. No hables con arañas.
Me levanto temprano un sábado  y leo un par de libros sobre fútbol americano para entrar en materia. Después de descartar esta opción desayuno, subo al tren  y me encuentro con el jugador al que represento, Fran Carmona, el #25 de los Potros de Fuengirola , que juega de Wide Receiver. Entonces le hago una serie de preguntas para determinar si está preparado para el partido.

SC: ¿Cómo te sientes jugando al fútbol americano?
F: Como si jugara al fútbol americano.

Asi compruebo que está concentrado. Entonces le paso los contratos que le he conseguido con equipos de la NFL para que los firme. Le paso el de los Cleveland Browns, los Houston de Texas, los New York Giants y los Red Socks. Retiro cuidadosamente este último al ver que es de un equipo de beísbol y le digo que son pruebas de paternidad. Los demás son observados por él, y tras escupir en todos ellos y morderlos fieramente, rompe la ventana del tren y los arroja por ella. Es fiel a los Potros.

Cuando llegamos al campo donde se celebrará el encuentro, conozco al resto de su equipo. Entonces, uno saca una pelota de rugby fútbol americano, y comienzan a lanzarla entre ellos. Observo atónito y después de 20 minutos llego a la conclusión que esa pelota se lanza y se recoge. Sonrío orgulloso.

El partido comienza y a los pocos minutos, mi cliente hace su primer touchdown. Eufórico, hace una voltereta con doble tirabuzón hacia atrás lanzando granadas de napalm al público, pero todo pasa tan rápido que ni se ve. Está tan concentrado que me limito a asentir la cabeza al verle como señal de fuerte aprobación mientras pienso qué coño es un touchdown. Pero mi ignorancia se disipa pronto ante la belleza de la jugada, y comprendo porqué mi cliente ama tanto este deporte. En el campo se respira una complicidad que he visto en muy pocas ocasiones; una atmósfera tan familiar que parece rodear a todos los miembros de su equipo. Es entonces cuando comprendo su ilusión por jugar al fútbol americano, y también que va más alla de un querer ser algo. También se trata de vivirlo.

Bate de baseball americano.


Alma de Elmore Leonard

Con una bellísima melodía sureña que suena a revivir legendario, a leyenda reencarnada, comienza la popular canción que lanzó el documental ganador del Oscar Harlan County, USA, la versionada hasta la saciedad You'll never leave Harlan alive. En ella, un ente suspira entre los parajes de su tierra, y la anterior frase sentencia una vida, grabada en una lápida. De hecho, el destino juega a ser bastante irónico en dicho documental, donde la rabia toma posesión del hombre en un descarnado conflicto entre una poderosa compañía minera y los piquetes organizados por los desesperados trabajadores. Sobre este panorama, el difunto Elmore Leonard construyó un universo repleto de negritud, un pozo de ambición donde la vida y la muerte la deciden los sencillos clanes y patriarcados (matriarcados en la serie) criminales que se reparten el condado de Harlan, en Kentucky. Sin embargo, decide entregarle un salvador que reniega de unas raíces que le ligan a la fatalidad, al desamparo de un padre dedicado a numerosos trapicheos. El salvador huye para luego volver y madurar, convertir el egoísmo en una forma de irresponsabilidad que, en cierto modo, le permite obrar con eficacia. De esta forma, Leonard cimentó su creación más imponente en un justiciero casi mitológico, abandonado por su insensatez ante un mundo que agujerearía a balazos si pudiera. Justified recrea con una deliciosa narrativa este mundillo al que Leonard dio vida desde Pronto hasta Raylan, pues ofrece una visión cinematográfica de un héroe que en televisión aprovecha totalmente la capacidad de desarrollo emocional que se le permite. En menos de un mes, su quinta temporada llega la televisión estadounidense, mientras que en España, Calle 13 emite su por ahora excelente cuarta temporada, que ahonda en un conflicto generacional que expande temporalmente el universo de la serie.




A Raylan se le ha detallado como vaquero atemporal, como un tributo al clasicismo del western que bebe de la mejor novela negra y se inspira en las figuras más populares del género para reinventarse cada temporada. Su personalidad ha podido evolucionar desde la despreocupación del Gary Cooper de Solo ante el peligro hasta la sed de sangre del John Wayne de Centauros del desierto. Puede ser tan injusto consigo mismo como moralmente reprochable para/con los demás. La futura paternidad del personaje ha podido mermar su lanzado comportamiento, pero no ha apaciguado sus malas pulgas, casi heredadas de Harry el sucio. Por otro lado, su protagonista, Timothy Olyphant, madura a la vez que su personaje. Hasta ahora, ha conformado una interpretación que conjunta una agradable chulería con un enorme respeto por un plantel secundario que no le anda a la zaga. Su némesis, un Walton Goggins superlativo, adicto a los monólogos al más puro estilo de George V. Higgins (hacia el que Leonard mostraba un enorme respeto), se mueve a su alrededor como una ánguila eléctrica, con la que a uno no le importaría tener una extensa conversación sobre fraudes religiosos y falsos profetas. Toda la serie gira sobre unos personajes que creen conocer el mundo mejor de lo que se conocen a sí mismos, de muertes que definen a todo un condado, que sufre dolorosamente por la familiaridad con la que los viejos criminales les tratan, y porque saben que su ida solo puede traer una tempestad impredecible.

Narrada con intensidad, con un pulso televisivo que se acerca maravillosamente al mejor western contemporáneo, Justified sopesa sus sobrios momentos de acción con una atmósfera que sabe a las viejas glorias del género, que las homenajea, pero de las que también demuestra haber aprendido. En su día, Olyphant dijo que Justified no era un western. Si no lo es, es porque reivindica sus raíces, que enredadas en la actualidad y reinterpretadas, funcionan como uno de los productos más adictivos de la televisión mundial, aunque permanezca injustamente a la sombra de los grandes proyectos televisivos que acaparan una audiencia que no está dispuesta a complicarse. Pero para aquel que lo desee que tenga en cuenta que ver Justified, it's justified.

Se publicó en su día en el diario Málaga Hoy.
http://www.malagahoy.es/article/ocio/1667055/alma/elmore/leonard.html