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Mostrando entradas de octubre, 2013

Genio con minúsculas

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No existe universo capaz de formular la quimera del director y guionista Wes Anderson. Puede que sea éso lo que permite apreciar su obra con total dedicación. Sin embargo, no nos engañemos, su cine no es para todos. Su eficaz y producente tendencia al surrealismo puede resultar tan entrañable como difícil de digerir, en especial en Rushmore, uno de sus primeros trabajos, con el que dictaría sentencia sobre su estilo a la hora de plasmar las emociones humanas. No es nada extraño; en toda su filmografía se trabaja con personajes, sentimientos y comportamientos de una importancia vital (tales como la niñez, el enamoramiento, la madurez, la paternidad...), pero todo ello sobre un plano que, para exaltarlos y que cobren su meritoria trascendencia, han de alejarse terriblemente de la realidad. O no tanto, según se mire. No consigue abrirse a un gran público por la apatía que irradian sus personajes, que oculta una ambigua batería de lecturas emocionales, es decir: sus actos no…

(In)sensible

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Los que recuerden The Wire, aquella magnífica serie que ahondaba en el Baltimore más crudo y despiadado: el infestado de capos del narcotráfico y policías de dudosa moralidad, hoy en día se debaten entre la citada y una maravilla que ya ha conquistado a un gran público por una calidad técnica y artística prácticamente insuperables: la premiada Breaking Bad.

Las claves de su éxito son diversas, pero esta serie sobre un profesor de química que comienza a elaborar y distribuir metanfetamina para mantener a su familia tras su muerte (predecida tras serle diagnosticado un cáncer de pulmón inoperable), ha planeado sobre una audiencia con miedo a la complejidad de los dramas que emplean el formato televisivo para evolucionar como realmente debieran.






En su primera temporada, se denota un ritmo frágil, inestable, y en cuyo argumento se desarrolla, nunca mejor dicho, el comienzo del mal. Se proponen tesis que suenan (demasiado) a la trascendencia de un buen Dostoyevski, y de ahí a …

"Remember...?" El final de Dexter

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"Ésta es la noche", espetaba Dexter Morgan al principio de este poderoso show. El telespectador, por el contrario, advertía: "Ésta es la serie". Efectivamente, lo ha sido. Puede que por realizar a un personaje insensible, por ponerle un anillo de boda y a un retaco entre los brazos a uno de los asesinos en serie más brutales de la televisión, pero tras verle desmembrar a violadores, asesinos y pederastas, ha sido imposible no empatizar con alguien, que, reducido al mínimo, es un hombre con problemas. No sabe cómo afrontar una fraternidad perdida, una caza de brujas, un matrimonio y una paternidad que ya implican una latente humanización del personaje.





Sin embargo, Dexter, personaje y serie, se han ido a pique. Las últimas temporadas han sido tan diferentes a las primeras que bien podrían ser otra serie distinta. Tras una octava temporada que arrancó con un lenguaje que todos conocían, el de la tensión liberada y la vida renovada vivido en la tercera con…