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Mostrando entradas de julio, 2013

De Dioses y monstruos de la actualidad

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De Dioses y Monstruos hace ya 15 años. Aquel personal relato sobre los últimos días del director James Whale (director de, entre otras, la primera película de Frankenstein) resultaba plenamente cautivador por la omnisciencia del pasado de su protagonista. No le permitía dar un paso adelante sin recordarle a alguna situación semejante años atrás. Por ello, Whale ( interpretado por un Ian McKellen en estado de gracia) huía de su pasado, y hacía caso omiso de él, actuando con total libertad, o al menos, intentándolo. La amistad que traba con su jardinero ( interpretado por Brendan Fraser), que no para de recordarle las diversas relaciones que tuvo con varios jóvenes a lo largo de su vida, acaba con el hombre y hace resurgir al pasado. Irónicamente, Whale (en la película) se considera a sí mismo un monstruo, pero no por su propia visión de sí, sino por la de los demás, que lo han acabado marginando, pese a ser artífice de una de las quimeras más visionarias del séptimo arte…

Psique y violencia, de Oriente a Occidente

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Hace unos cinco años, Steven Spielberg andaba detrás del remake de una película coreana que acabó abandonando a finales de 2009. La susodicha cinta era Oldboy, la considerada obra maestra del director Park Chan-Wook. Tras dos años de la suspensión del proyecto, el director Spike Lee (Malcolm X) se puso a los mandos de este trabajo.

Aquél que desee ver Oldboy se dará de bruces con un lienzo mal acabado, de amplios y supuestamente bellísimos planos vacíos de sustancia, y que suponen un somnífero para el que empieza a suspirar hastiado viendo lo que le queda por aguantar. De hecho, el manierismo de Chan-Wook es uno de los principales culpables de que su obra se vea como un ejercicio demasiado abstracto. Sympathy for Mr. Vengeance, la mejor película del coreano, ahonda en la carga emocional de sus secuencias, exprime su significado y se digiere, en su totalidad, tal y cómo se lo propone. Allí, donde un sordomudo trabaja en una fundición, obedeciendo a los cambios de turno seg…

En el desierto, nadie puede oír tus gritos

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A día de hoy, decir que la lucidez del realizador británico Ridley Scott ha sido puesta en evidencia es quedarnos cortos. No se le ve ducho en su materia, ni en los mecanismos de su tan elocuente realismo visual, ni tampoco en sus concesiones artísticas. Hace ya años que el Scott primigenio, con ganas de asentar en su obra una determinada estirpe de personajes atemporales, y de alcanzar un nivel de detalle inalcanzable para la mayoría (la tan fría como intensa Black Hawk deribado puede atestiguarlo) dejó paso a un adicto a despliegues de suntuosos paisajes, pero también, a un narrador desvalido del discurso que tanto le valió en sus primeros tres cuartos de carrera. Su cine ahora carece del acentuado lirismo de Los duelistas y Gladiador, o de la lograda dialéctica social y moral de Thelma y Louise y de Blade Runner
Recientemente, Scott se metió en camisa de once varas con su esperadísima Prometheus, con la que sus más arduos seguidores hemos tenido que profundizar en las oquedades d…

Hablando con David Lynch

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-¿Qué te parece el cine de Scorsese?
David Lynch: Una mierda.
-¿Y el de Ford?
DL: Una mierda.
-¿Y el de Wilder?
DL: Una mierda.
-¿Y el de Lang?
DL: Una mierda.
-¿Y el de John Waters?
DL: Una mierda, pero muy interesante.
-¿Cuál es para usted la cosa más normal del mundo?
DL: Suelo jugar al Blackjack con fichas de dominó mientras el croupier va vestido de conejo mientras me recita, la sucesión de Fibonacci. Todo bajo una luz verde rojiza, un tono al que he llamado, no te lo pierdas: amarillo.
-¿A quién votará en las próximas elecciones?
DL: A tu puta madre, que está muy sobrevalorada.
-¿Está usted infravalorado?
DL: Joder, mis nosecuantos miles de fans en twitter me infravaloran demasiado. Pensaba haber hecho muchas pajas mentales, pero parece que no fueron demasiadas.
-¿Qué le parecen las mujeres?
DL: Sobrevaloradas.
-¿Y los hombres?
DL: Sobrevalorados.
-¿Y el ser humano?
DL: Una mierda, menos cuando hablo de ellos en mis pelis. Cuando hice Twin Peaks, propuse que cada capítulo fuera…

Fatigados katsas

En esta escena de 'Munich', el katsa interpretado por Eric Bana, discute sobre la conflictiva relación entre Israel y Palestina con, irónicamente, un palestino. El problema no es que discuta, el problema es que para ser un katsa, un soldado que únicamente da parte de sus actos a la Primera Ministra Golda Meir (y a Dios, por supuesto), no sepa rebatir la insistente moral ideológica (que, involuntariamente, llevará en la sangre) de un palestino, sin recurrir a demagogia barata. '¿De verdad quieres esas tierras para tus hijos?' le reprocha. Técnicamente, para rebatir una opinión como la del susodicho palestino, lo que él quiera o no es irrelevante; el conflicto no depende de él, depende de un ideal general, y algo de semejante calibre no puede intentar ponerse contra las cuerdas con demagogia sensiblera como la empleada por el katsa. Tan fácil como decir: 'ese territorio es nuestro, y punto. Arrebatádnoslo si podéis'. Total, aqui no hay que convencer a nadie. Sus …

Incomprendido antihéroe

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Se podría identificar fácilmente como un ejercicio de suspense a través de matices, de miradas, obscenas, perversas, tan maquiavélicas como los ensayos forenses que su protagonista ejecuta con sus víctimas. Dexter es esa serie nacida de un autor que bien conoce los entresijos de la inadaptación humana, Jeff Lindsay, pues su casi bíblico protagonista vivió bajo el amparo de su propia personalidad, y de nadie más.



Dexter no mata a los que matan. Ello implicaría que, al volver a su acogedor apartamento con la brisa playera a sus espaldas, y el 'trabajo' hecho, debería acuchillar su cuerpo hasta caer muerto. Dexter ajusticia a la psicopatía que ronda por el mundo; es su naturaleza. Apuñala, decapita y desmiembra según su autoconsciente locura, redirigida y adoctrinada por un perjudicado padre al que la injusticia le arrebató todo lo que le quedaba de salud. De todas formas, sigue siendo muy particular la forma en la que Harry reprimió la sed de sangre de su hijastro…

Persas, griegos y fuegos artificiales

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El poderío visual de Zack Snyder, que en su momento fuera elevado a los cielos y glorificado por masas de espectadores que veían en él el auge de la era digital, hoy en día, parece ponerle en evidencia. Frank Miller, autor del cómic en el que se basaba 300, traza la acción desde una perspectiva solemne y lírica, para que la acción cuadre dentro del marco, y así se equipare un tono idílico, el que influye con su tan europea narrativa, con otro más explícito y sanguinario. Snyder trabajaría con este material, y le daría forma con esas técnicas que cree saber manejar con destreza (tal es el caso del exasperante slow motion, la cámara lenta que no solo ralentiza el tiempo, sino que, en el caso de Snyder, aletarga el metraje). El problema es que el trabajo de Miller, llevado a la gran pantalla con la pretendida grandeza visual y la pomposidad características de Zack Snyder, se pierde. El efectismo de Miller no cabe en el cine. Se idolatra su famoso cómic Sin City, pero toda…