Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

lunes, 27 de mayo de 2013

La tortura del librepensador

Los Hermanos Coen no funcionan condescendiéndose el uno al otro, porque precisamente, uno es la copia exacta del otro. Uno interviene en lo que el otro se dedica, llegan a buen puerto, y lo saben por experiencia. Además de una deslumbrante inteligencia y una habilidad que impregnan sus apasionantes relatos, la sensación que deja el absurdo autoconsciente de su cine es de que ambos, sinceramente, están muy leídos.
Muerte entre las flores (1991)


Sangre fácil, su opera prima, parte de una atmósfera, no lúgubre, sino totalmente oscura, y de una premisa tanto tétrica como solemne que se mueve entre la compleja sencillez de los textos del maestro Raymond Chandler, del que parece que, tanto El largo adiós como Adiós muñeca han tenido algo que ver con la fluidez de las obras de los Coen. Por un lado, la historia de un hombre que manda asesinar a su esposa y al amante de ésta, es carne de telefilme. Sin embargo, se desarrolla con tal lentitud, que se aprecia una progresión hacia la sobriedad física y emocional de todos sus protagonistas. La calor sofocante de la noche texana resbala por sus pieles hasta que, exhaustos, se repelen a tiros entre ellos. Esta clase de profundidad recuerda a cierto tratado periodístico que alcanzaba su propia cima cuando se extendían los detalles. A fin de cuentas, Sangre fácil parece contada como si los Coen ejercieran de un Capote bicéfalo y ensayaran sobre una crudísima noticia que aparenta sencillez (unos cuantos asesinatos que no tendrían porque estar conectados) pese a ocultar un drama shakespeariano tras de sí.

Su pasión por la negritud también obraría la maravillosa Muerte entre las flores, una cinta más deudora de la narrativa de Dashiell Hammet que de la profundidad de Chandler. Se trata de la tesis de los Coen sobre la traición y el sangrado del antihéroe. El maltratado personaje de Gabryel Byrne evoluciona en cuanto ve que necesita ir un paso por delante de los demás, no por darse aires, no por su ego ni por su ausente prepotencia, sino por sobrevivir. Su intelecto no se despierta hasta que todo el mundo se la ha jugado todas las veces que han podido, aprovechándose de su total indiferencia ante todo lo que le rodea (su vida inclusive). A partir de aquí, con esta incursión de los Coen en una nueva década despierta su pasión por lo absurdo. En una secuencia de esta gran película, Tom (Byrne) se defiende de un matón que todavía no le ha golpeado. Éste, aturdido, retrocede, y, casi llorando, le pregunta a Tom porqué había hecho aquello. Tras esto, abandona la sala y vuelve con más hombres, y la somanta de palos que le cae a Tom resulta monumental. El máximo exponente del absurdo de los Coen no está presente ni en El gran Lebowsky ni en O Brother... Se haya en estos serios thrillers, donde se exalta, no a través de situaciones, sino de reacciones. Personajes que no piensan sus líneas antes de lanzarlas al aire, lo que hace de dicho disparate un absurdo realista, ocasional, o, en resumen, humano. En esa joya y cima del estilo coeniano que es Fargo, estos ejemplos los hay a patadas. Presuntamente, se basa en hechos reales, o al menos, es lo que clama la cinta desde su apertura. Tras su estreno, toda clase medios llegaron a la conclusión de que Fargo no se basaba en una historia real. ¿Se puede afirmar con seguridad? ¿Se puede afirmar de manera tajante que el ser humano no es tan absurdo como para cometer los actos que se le atribuyen en la película? Curioso dilema. Ello también se aprecia en No es país para viejos. Es curioso que, trabajando con un autor como Cormac McCarthy, un especialista en crear personajes que cuestionan su pasado y divagan sobre su futuro (apreciable tanto en la magnífica novela que da nombre a No es país para viejos, como en La carretera) los Coen hayan podido aplicarle ese tono tan descabellado que no reside ni en el pasado, ni el futuro, sino en el presente, en el de un hombre: Lewelyn Moss (Josh Brolin). McCarthy planteó esta cuestión con el personaje de Moss, con su aparatosa conciencia de hombre tranquilo, pero fueron los Coen los que ejecutaron este insufrible rasgo de humanidad con tanto éxito.
Porque la cajita de SEVEN no era tan original.


Inside Llewyn Davis (2013)
El opuesto a esta seriedad autoconsciente de su realismo (y lo que implica) reside en su comedia de gracias puntuales que han obrado ambos hermanos con las insufribles Crueldad intolerable y Quemar después de leer, donde se reconoce su genio con facilidad, pero donde todo se olvida con extrema sencillez. Recientemente revisaron con aliento épico y una puesta en escena ensordecedora el clásico de Charles Portis Valor de ley, que ya fuera llevado al cine a finales de los 60 por H.Hathaway. El magnetismo de Jeff Bridges alcanza límites indefinidos, pero la sombra de John Wayne es tan alargada como de costumbre.

Con Inside Llewyn Davis se introducen, de nuevo, en sus operetas personales, íntimas, que repasan las complicaciones de seres incomprendidos, taciturnos, que se mueven dando tumbos entre ignorantes y la cruel tortura del alma del librepensador. Si en Barton Fink, que, dentro de lo más íntimo de los Coen, es lo más trascendente y apasionante que se puede encontrar, se introducían en la triste existencia de un guionista de serie B durante los años 40, hacen lo propio en Inside... con un prototipo de cantante folk que recorre la Nueva York de 1960, prestando atención a su domicilio en el Village, alli de donde salió el aire del progresismo social y, cómo no, Bob Dylan, su imperfecta voz y su marginado inconformismo. Puede que aquí, en esta clase de casos, el aunténtico absurdo es al que tiene que enfrentarse el héroe, el guionista, o el guitarrista, sea el mundo, o los tiempos, y su más preocupante que continuo cambio.

Este artículo se publicó el dia 26/5/2013 en la edición impresa del diario Málaga Hoy:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1531460/la/tortura/librepensador.html


lunes, 20 de mayo de 2013

Criticando al critico - Nº1

Inicio esta sección dedicada a criticar las críticas de presuntos críticos. La primera es de una película horrorosa de la que no hablaré pues me niego a hacerle publicidad (y gratuita). Me niego tambien a salir rebotado.

La crítica la firma Pablo Rodríguez y el medio, 'Periodistas en potencia'...en esta página hay tela que cortar. La puedes encontrar aqui.

''Todo hacía presagiar que nos encontraríamos ante una nueva genialidad del tan siempre controvertido director''

¿De dónde se deduce ESO?¿Del trailer?
¿Lo de 'una nueva genialidad' lo dice por el trailer?¿Por un cutrísimo alarde musical y una vidente que se conecta a los huevos de las personas? No es que nuestros conceptos de 'genialidad' choquen, es que nos han criado en escuelas diferentes, con libros diferentes y en mundos diferentes.

''los fallos en el guión son imperdonables para alguien de su nivel y su talento.''
Son imperdonables, si. Tambien lo es no citar alguno de esos 'fallos' tan imperdonables para afianzar tu crítica. En fin

''Con un reparto cargado de excelentes actores del nivel de Javier Cámara, Carlos Areces, Antonio de la Cruz, Hugo Silva, Raúl Arévalo o Lola Dueñas''

¿Desde cuando se considera a Hugo Silva un actor 'excelente'?¿Desde que trabaja con Almodóvar?


''La trama de la película es innovadora y podríamos considerarla incluso arriesgada por tratarse de un escenario mínimo''

Si arriesgada es meterse en camisa de once varas como lo han hecho directores como Polanski, Haneke, Buñuel...que han conseguido salir indemnes, no lo veo tan arriesgado, y menos, cuando se supone que íbamos a encontrarnos ante una 'nueva genialidad' del manchego.

 ''  una gran Blanca Suárez, que deja al espectador con ganas de poder verla un poco más''

Se me olvidaba que Blanca Suárez es la nueva Meryl Streep:  https://www.youtube.com/watch?v=5mqlqo2BFIE como aqui se puede ver. Anda ya.

''En definitiva, la producción no supera las expectativas que los amantes del cine español se habían creado por lo que tendremos que esperar al próximo trabajo del director manchego, que seguro que no dejará indiferente a nadie.''

Ya empezamos. En primer lugar, ¿un amante del cine español tiene expectativas del cine español actual? Y segundo, si justamente el 'bluf' de Los amantes pasajeros ha sido el 'hype' creado antes de su estreno, no tiene mucho sentido rematar esta 'critica' ofreciendo otra previsión de su próxima y desconocida película,  más cercana al peloteo que a la objetividad cuando se dice que 'no dejará indiferente a nadie'. ¿Y si lo hace? ¿No era el problema que 'habíamos presagiado en vano'?

Esto no hay quien lo aguante. Nunca pensé que una crítica negativa de una película de Almodóvar podría no gustarme.

Distopía o lucha de clases

El tiempo y el talento han sido los aliados de Neill Blomkamp, no cabe la menor duda. En menos de 10 años ha encarrilado una carrera a medio camino entre el mundo de la publicidad y el cine que resulta admirable. En 2009, codo con codo con Peter Jackson, revolucionó a la crítica internacional con su primera película: Distrito 9.

Con una facilidad dialéctica, Distrito 9 fallaba, no en su discurso, sino a través de las maneras. Su parlamento radica en un cinismo alarmante, inevitablemente despertado por: uno, la huella reciente de la crueldad (in)humana del Apartheid, y dos, la del oriente invadido y militarizado por la hegemonía occidental. Blomkamp, sin embargo, no cree ni en los convencionalismos morales, ni en la evolución del ideal social, y por ello se dedica a promover, indirectamente, este reiterativo aviso sobre el racismo como una crítica. Ha afirmado en más de una ocasión que esta ambiciosa opera prima no iba con segundas. Es tremendamente complicado darle siquiera el beneficio de la duda con algo como Distrito 9 entre las manos, cuando casi todo el abanico de aplausos que le han caido han sido por su mensaje social. Ahora bien, lo que realmente hace, es funcionar como una parodia de la invasión y posterior Guerra de Irak, y de los argumentos que evitan cualquier acto relacionado con la inmigración ilegal. Su necesidad de resultar moralista puede que sea lo que hace de esta cinta un engaño. Lo hace con descaro, y ello conlleva a que la moraleja del cuento se extraiga a manotazo limpio, por lo que, ante todo Distrito 9 no solo no es profunda, sino que es demasiado superficial. Blomkamp no resuelve ninguna duda; deja incontestadas muchas motivaciones humanas con respecto a las soluciones que pretende darle a uno de los problemas más alarmantes del planeta. Únicamente, ensaya sobre un pasado futurista (2010) a través de una mentalidad más estancada para Blomkamp de lo que en realidad está. También sobra la metáfora del cazador cazado, esa que tanto funcionó como reflejo de la era post-Guerra de Vietnam con Blade Runner, que aquí pretende, cómo no, hacer lo propio con Iraq y con el oriente en llamas.


En Elysium, la nueva cinta del director sudafricano que llegará a nuestras salas el 16 de agosto, se eleva esta clase de alegato a la máxima potencia. A fin de cuentas, retrata un futuro en el que reina una determinada hegemonía social, compuesta por empresarios, modelos, etc...mientras se reniega de la pobreza y la inmundicia (algo no tan distópico). La clase alta (aunque a su manera de ver, ellos son la única clase) reside en Elysium, un maravilloso y apartado lugar donde se vive sin contacto con ese inframundo que es la Tierra. Allí se vive bajo las leyes de la perfección, desde los márgenes establecidos por la eugenesia, hasta la eliminación de enfermedades, como cualquier rastro de futuros tumores. Y aunque morir sea un concepto universal, que no entiende de clases, ni discrimina por sexo, religión o raza, es obvio que hacerlo en un lecho de rosas, en ese paraíso ideado como un limbo que separa al hombre adinerado de la crudeza del mundo, no tiene que estar tan mal. Por lo que ya existen dos diferencias vitales entre el inmundo habitante de la Tierra con el de Elysium: cómo vivir y cómo morir.


A estas alturas, esto no huele ni por asomo a las duras críticas de George Orwell al socialismo. Más bien, todo lo contrario; es una exaltación de la lucha de clases. El problema es que Blomkamp afirma con semejante parafernalia argumental que suena a mil veces vista, que la presión ciudadana hacia los políticos que se da en la actualidad, y que es cada vez mayor, no sería capaz de frenar un aparente exceso de poder. Todo esto, claro, considerando que Blomkamp insista en seguir vendiendo (aunque luego reniegue de ello) su obra como una crítica tan descarada a los agujeros de la globalización. Tacharlo de cínico sería ser demasiado benévolos. Lo que su trabajo representa realmente es la imagen del nihilismo moderno, que no sólo traiciona la supuesta evolución moral de la sociedad frente al poder, sino que obvia cualquier rastro de ella, como si el futuro en el que transcurren sus películas estuviese basado en un presente reaccionario. Elysium ya no parte de la base de ser una cinta de ciencia ficción sin pretensiones; en sí, es toda una declaración de intenciones. Lo mismo que Distrito 9, que desde el primer minuto, al anunciar que los alienígenas habían posado su nave sobre Johannesburgo, no pudo evitar categorizarse como odisea social.

No es tanto lamentable, pero sí triste que se intente criticar un presuntuoso futuro contra el que una parte del mundo lucha día a día.

Este artículo se publicó el domingo 19 de mayo de 2013 en la edición impresa del diario Málaga Hoy.
También lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1526496/distopia/o/lucha/clases.html

lunes, 6 de mayo de 2013

Sherlock, la literatura de la pesquisa

Atmósfera literaria en 'El sabueso de los Baskerville'. Faltaría más.
Sherlock es el pluscuamperfecto ejercicio de suspense televisivo, elevado a la máxima potencia gracias a su magnética pasión por las atmósferas literarias, por recrear a la perfección los fríos y húmedos vientos que circulaban al otro lado del ventanal del 221b de Baker Street. Y pese a que todo funciona bajo los designios de Sir Arthur Conan Doyle, no puede evitar dirigirse hacia un tono particularmente lírico, que se ceba en los contornos de los personajes, en sus emociones, calcadas desde la frialdad, y que se desarrollan como lo verdaderamente humanas que son. Prácticamente, todo el espectro visual de Sherlock imita la iconografía de la prosa de John Le Carré, su descriptivo retrato del helado panorama entre las tensiones políticas de la Guerra Fría. Aquí, queda constancia de ello en los ambientes donde proceden los nervios, la calma y la sutileza de un humor british abierto a un arco de proyección mucho más amplio que el de una Inglaterra cuyos cómicos más influyentes han tenido que americanizar sus gracietas. Tampoco se pueden evitar las referencias shakespearianas, y más cuando la serie navega entre varios territorios de la comedia, en especial, de la comedia negra. Desde calaveras de buenos amigos (al menos, cuando lo eran) hasta tratos cuyas terribles consecuencias se advierten desde el principio (esto es muy de El mercader de Venecia).

Pero hablar de Sherlock implica hablar de la maestría que ha demostrado Benedict Cumberbatch, no al hacer de Sherlock Holmes, sino al ser Sherlock Holmes. Capaz de trasladar su frialdad emocional y su generoso odio por el sentimentalismo humano, Cumberbatch firma una de las interpretaciones más enigmáticas del panorama televisivo de los últimos años. Su tan expresiva faz consigue dotar a Holmes de una indiferencia soberbia, propia de un ser anormal abandonado en un ambiente costumbrista. El Sherlock de Robert Dawney Jr. visto en las dos películas dirigidas por el interesantísimo Guy Ritchie, está magníficamente guiado por su figura de ególatra, la que todo Hollywood tiene de este actor, pero el de Cumberbatch lo mueve su voz, su capacidad de convertir al personaje en un idilio entre su atemporal pedantería y el estudiado síndrome de Asperger.

La otra cara de la moneda, es el dr. Watson de Martin Freeman, un héroe de guerra convertido en un ser honesto y apasionado, moralista cuando se le antoja y cauteloso en sus modales. Tanto en las novelas como en la serie, no se le define como la antítesis de Holmes. De ser así, jamás se podría haber dado el caso en el que ambos llegaran a compartir piso. Su interrelación se basa en el tener la posibilidad de compartir conocimientos, pero más que nada, en que uno refute los del otro, porque si hay algo de lo que Watson no esté seguro, es de su propia preparación. No como médico, que es excelente, sino más bien de su preparación humana. Conocer los horrores de la guerra, haber sufrido en sus carnes el escarnio de ver caer a un buen amigo (a varios de ellos), en ver como toda esperanza de salir de ese infierno se pierde por completo, no son argumentos suficientes para rebatir los conocimientos de Holmes sobre la conducta humana. De todas formas, si existe esta relación es también por el masoquismo que despierta en Holmes, porque, en el fondo, le encanta que alguien pueda cuestionar sus verdades, que no su intelecto. No precisa de socializarse para conectar con el hombre, pero requiere la ayuda de alguien que pueda hacerle comprender sus errores. Raro es que exista alguien con la voluntad necesaria para ello.

El 'Moriarty' de Andrew Scott


Sin embargo, este gigante televisivo de proporciones homéricas obró el milagro con su magnífica adaptación del popular villano que Doyle le plantó a Holmes en todas su narices: el Dr. James Moriarty. Prácticamente igualados en fuerzas, la enemistad entre estos dos maestros de la suspicacia y el razonamiento surge, precisamente, como un reto, más que nada, para Moriarty. La portentosa y maravillosa interpretación del irlandés Andrew Scott crea un aura de psicopatía que rodea los monólogos, los diálogos y las situaciones que conduce este moderno Moriarty. Carente de autoestima, porque tenerla implicaría el poder no estar seguro alguna vez de si mismo, y dependiente de una confianza extrema en la intelectualidad superior a la que pertenece, es capaz de crear el caos a partir de los frágiles sentimientos del hombre de a pie, que a él, básicamente, le traen sin cuidado, porque, desde todas las perspectivas, no es humano. Pero si hay algo que se respire en Sherlock,  es humanidad, cuando Holmes y Watson se encuentran compartiendo habitación, lanzándose puyas el uno al otro, hasta que de esa tormenta de ideas (y de insultos) salga alguna conjetura, porque, ante todo, Conan Doyle no escribía cuentos de hadas: escribía cuentos humanos.

Este artículo se publicó en la edición impresa del Diario Málaga Hoy el dia 5/5/2013
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1516700/la/literatura/la/pesquisa.html

domingo, 5 de mayo de 2013

Sobre mis broncas con Vigalondo

De muchos de mis seguidores es sabido que mi relación twittera con Nacho Vigalondo, es, cuanto menos, nefasta. Hemos tenido roces bastante particulares (y no tan particulares). Me he ganado (desconozco si es de manera justificada) el odio de muchos de sus seguidores, y antiguos seguidores míos que ahora me aborrecen por mis opiniones sobre el director. Ante todo, esta entrada está escrita con respeto a todo el mundo, tanto hacia los fans del realizador como hacia el propio Vigalondo.

La primera bronca
Con motivo del estreno de 'Extraterrestre', escribí mi artículo semanal sobre los estrenos, y lo dedique a la última película de Nacho Vigalondo. No me gustó. Dejé constancia de ello en twitter.
Se habló de que me molestaron bastante los dos o tres desnudos parciales de la cinta. 'Molestar' no es la palabra exacta para definir lo que despertaron en mi. No me irrita que alguien vaya en pelota picada en una película, pero si que puedo recalcar su necesariedad o no. Si se trata de un reclamo publicitario (en el trailer de Extraterrestre se puede dislumbrar algo por el estilo), vale, pero como hay gente que tiene la libertad de poder gustarles, yo tengo la mia para asegurar de que no me parece sustancial. Hace relativamente poco, una versión remasterizada de Avanti mostraba algunos desnudos que serían censurados en su momento. La imagen de Jack Lemmon enseñando el trasero es absurda y claro, descacharrante. Extraterrestre, como muchísimas otras, se dedica a despertar algo de 'calor' humano a través de la hucha de Michelle Jenner y el trasero de Julián Villagrán. De acuerdo, pero sinceramente, no le veo ni pies ni cabeza. Planos imperfectos, a mi parecer. Planos maravillosos, para los demás. En fin, mi problema con Extraterrestre radica en el ritmo y en su sentido del humor. No hablaré más de ella porque creo que ya he tenido bastante con una crítica extensa y muchos comentarios por twitter. A Nacho Vigalondo le molestaron mis comentarios; creo que taché de pretenciosa a 'Extraterrestre' y a su director. No me arrepiento. Igual que a lo mejor él tampoco se arrepiente de haberse burlado de mi profesionalidad a la hora de recurrir a mi edad. En fin.

La segunda bronca
Un dia me da por hacer un comentario sobre la popular broma de Nacho Vigalondo en Twitter sobre el holocausto, que viene perfectamente resumida aquí. (Insisto en que se lea para que lo que viene a continuación se entienda correctamente.)
Mi comentario hace referencia a lo ocurrido con Lars Von Trier en la conocida rueda de prensa de Cannes (al estrenar 'Melancholia') en la que aseguró 'entender a Hitler'. Aquello acarreó nefastas consecuencias, como la de ser considerado 'persona non grata' en el Festival de Cannes. Al mismo tiempo, comparo dichas consecuencias con las de Vigalondo por sus palabras. Mis palabras exactas fueron: 'A Lars Von Trier se le cayó el pelo por mucho menos'. Teniendo en cuenta que la noticia era bastante antigua, supuse que tampoco levantaría mucho polvo. Me equivoqué. Nacho Vigalondo leyó el tuit y lo comunicó en su cuenta, volviendo a aludir a mi falta de profesionalidad y diciendo que 'creo que se le debería haber caido el pelo'. En primer lugar, asegurar esto implica decir que el objeto al que va dirigido mi comentario es el propio Vigalondo. ¿Y si lo que realmente quise decir es que ni Vigalondo ni Von Trier debieron sufrir las consecuencias que sufrieron? Segundo, mi opinión sobre el sentido del humor de Vigalondo referente al tema de sus bromas sobre el holocausto todavía no ha sido difundida por nadie, pero ahi va.


HOLOCAUSTO VIGALONDO
Antes he insistido en que se lea un resumen de lo ocurrido. Ahora, vuelvo a insistir en otra cosa, en que se lea la explicación que el cineasta ofreció aquí. Ahora bien, en el extenso texto, se dicen cosas como:

'Detecto cierta tendencia a pensar que si eres popular, en mayor o menor grado, por leches tienes un plan maestro detrás de tu cuenta de Twitter,  estrategias meticulosas para lograr atraer la atención, para generar opinión favorable, esas cosas.'

Puede que sea lo más cierto de este escrito. Cualquier 'twittero' conoce las reacciones de sus seguidores y no seguidores, pero claro, eso lo sabe después de un determinado tiempo, cuando sabe cómo circula la información en esta clase de medios, y, claro, parafraseando un poco, cómo sabe si el público tiene cierta tendencia a pensar que, si eres popular, eres vulnerable.

' Mi experiencia me dice que, a menos que tu cuenta de Twitter esté gestionada por un becario o un robot, a medida que el tiempo avanza y tus mensajes se acumulan por miles, tu cuenta acaba siendo un retrato incontrolable de tu personalidad.'

Aquí, el error es suyo. Las redes sociales presentan un enorme cúmulo de problemas relacionados con la personalización digital. Volviendo a parafrasear, 'mi experiencia me dice que, a menos que quieras que tu cuenta acabe siendo un retrato incontrolable de tu personalidad, debes crear un personaje'. Con esto, aconsejo la lectura de 'La civilización del espectáculo', de Mario Vargas Llosa.
Adaptar tu personalidad a un medio digital implica que no existe un límite entre tu ego (todos lo tenemos) humano y tu ego informático. Ambos escriben y piensan igual, algo notable. Crearse en twitter un álter-ego es lo más aconsejable, asi sus comentarios no son tomados desde la perspectiva personal, sino como desde la de una caricatura que puede ser tan simpática como mezquina, pero, al fin y al cabo, una caricatura.
Lo siguiente que dice, es:

'¿Dónde quedan las estrategias cuando todo el mundo acaba descubriendo entre tweet y tweet tus momentos de furor, de desidia, de duda, de apatía?'

No hay estrategias, por haber hecho de tu cuenta de twitter un mero espejo de ti mismo. Sin embargo, esto plantea dos dudas. La primera es que pensar esto implica pensar que 'todo el mundo' puede descubrir si 'estás de coña' o no. Entonces, ¿por qué tanto revuelo mediático por las palabras de Von Trier?¿O las de Bisbal?. En fin, la segunda sería que, si el cineasta llegó a esta conclusión 'a través de la experiencia', ¿porqué no pensó en que lo siguiente podría malinterpretarse, o al menos, tornarse en algo mucho más grave que una simple broma?

'El pasado viernes noche, en circunstancias más festivas que otra cosa, comprobando que había alcanzado la cifra sonora de 50.000 followers, decidí twittear diferentes versiones de un mismo gag: Imaginemos que yo fuese un villano de opereta con un plan maléfico, consistente en acaparar followers con excusas falsas (una carrera como cineasta) y, cuando acumulase un número lo suficientemente alto, sembrar el caos con mensajes devastadores. La idea era twittear un puñado de esas revelaciones, pero sólo me quedé en dos... “El holocausto fue un montaje” y “La bala mágica que mató a Kennedy todavía no ha aterrizado'


Todo se resume como una inconsciencia. Ante todo, es una opinión.