Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

viernes, 8 de marzo de 2013

Perdidos en el espacio

Las ganas que tenía de jugar a Aliens: Colonial Marines son muy difíciles de describir. Me asediaba el sentimiento de encontrarme con algo genuino, brutal y magistral. Las imágenes que iban apareciendo sobre el juego en desarrollo me dejaban poso. Más que nada, por la ambientación, soberbia, que mostraba los helados y salvajes parajes de LV-426, como un desolado plano maestro para ejecutar la violencia y la agresividad de los populares xenomorfos.
Durante los primeros minutos del juego, podemos comprobar lo que nos espera: un shooter sin gracia, sin guión, mal conducido por unos personajes planísimos, horrorosos, que bien poco nos importaría que muriesen despedazados por cualquier criatura alienígena. Hablo, claro, incluyendo al dichoso protagonista de esta historia.
Uno de los aciertos de casi todos los juegos de la serie (también de Aliens vs. Predator) fue el de equiparar la separatidad del protagonista con ciertos momentos en los que el amparo de sus compañeros le permitía tomarse un respiro. En Aliens: Colonial Marines, no hay miedo, más que nada, porque no existe. Tienes en tus manos un rifle de munición ilimitada (porque encuentras munición cada 5 segundos de juego), y peleas contra unos inanimados insectos gigantes que acaban por resultar una insufrible falta de respeto al gran bicho de H.R Giger. Aquellos que idolatraran la magnífica Alien y su interesante secuela Aliens, aqui perderán el tiempo buscando la belleza entre unos gráficos correctos (desfasados por momentos), personajes horriblemente escritos y un guión que tras algunos giros finales (Hicks sigue vivo, ¡¿qué coño?!) asusta lo que pueda hacerle a la mitología Alien. La decepción es dolorosa. Tal vez demasiado. Escapa de él por el bien del legado de una saga mítica.

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