Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

miércoles, 27 de marzo de 2013

jOBS: entre la perfección y la utopía

Ashton Kutcher caracterizado como Steve Jobs.
Entre la plenitud de la vida y la prolongada sombra de la muerte, la figura de Steve Jobs ha representado el ideal de estudiante imperfecto, pero también, el de un canon de humanidad que prácticamente ha superado la perfección. Muchos recuerdan el 5 de octubre de 2011 como la proyección de la tragedia sobre el arquetipo de excelencia humana. El día de su muerte fue llorado por todos, tanto por sus fieles admiradores como por sus claros detractores, que incluso vieron en aquella fatídica jornada cómo se apagaba la vela de un ser audaz y controlador. Más de uno debió de replantearse aquello, pues la incandescente llama que sigue emitiendo el legado de Jobs es algo que se sale de los esquemas rítmicos de la sociedad moderna. Nunca costó identificarse con este incombustible genio, que encontraba la paz cuando superaba el reto, y se rodeaba de un sentimiento monopolístico que, aunque excesivo, siempre le acompañaba como un rasgo modesto, como algo que nunca trató de ocultar. Su afán por el éxito vino determinado desde su juventud, cuando encontró la pasión por la faceta más comercial de la electrónica. Y aunque jamás obviase el factor técnico del asunto, su poder de convocatoria, su simpatía y cercanía despertaban las miradas de un público que, además de consumista, también comenzaba a pensar. Algunos llegaron a esta conclusión tras la partida de Jobs, cuando observaron que el hombre detrás de aquello que tanta pasión había alertado en ellos, desaparecía. En este sentimiento, reside el intrépido espíritu de un ser atemporal, que ha definido a varias generaciones. Era cuestión de tiempo de ver aparecer el interés en que su intrigante biografía fuera llevada a la gran pantalla.

Aaron Sorkin, poderoso narrador que firma con mano de hierro cualquier diálogo, que en su reciente paso por la televisión con The Newsroom ha encontrado una frenada en seco en este estilo que tanto parecía funcionar, se encarga de elaborar un guión peculiar, carismático, sobre tres eventos cruciales en la vida de Steve Jobs. Sobre esta original opereta que estará seccionada en tres únicas escenas apenas se conocen demasiados detalles. De todas formas, su estructura tampoco presenta un reto tan importante para un escritor como Sorkin, que ya ha demostrado su habilidad para condensar el realismo de las conversaciones y dotarlo de un tono utópico, que en ocasiones raya lo imposible (si no lo supera). Puede que sean estas habilidades las que buscan para poder elaborar el retrato de un héroe contemporáneo como es Jobs.

El binomio Wozniak-Jobs en la ficción.


Sin embargo, un proyecto con mayor perspectiva comercial es el de jOBS, cinta que tiene previsto su estreno en España el 21 de junio. Este atractivo biopic tratará de recomponer la búsqueda del éxito de Steve Jobs durante sus inicios como empresario, relatando su amistad con Steve Wozniak, la que propició la evolución de sus característicos talentos para la electrónica y el marketing. Tras los mandos de esta ambiciosa producción, se encuentra Joshua Michael Stern, realizador de trazado íntimo, personal y uniforme, que necesita plasmar la cercanía de su obra a través de un estilo metatelevisivo, que roza las imperfecciones del telefilm, tal y como demostró en su olvidada y simpática El último voto, que protagonizó un magnético Kevin Costner. Pero lo más llamativo de jOBS reside en contar con un actor como Ashton Kutcher, dinámico en lo referente a sus papeles más naturales, y por consecuente, cercanos, aunque en todo lo demás luzca como un inexperimentado con suerte para elegir guiones, para encarnar a un joven Steve Jobs. De asombroso parecido físico con el cofundador de Apple, su interpretación ya ha resaltado en los escasos pases que se han proyectado de la película. Es cierto que su aplicación dentro del drama ha obrado buenos resultados con The Guardian o El efecto mariposa, pero su odioso encasillamiento dentro de la insulsa comedia romanticona de turno ha podido perjudicar en exceso a este actor.

Con La red social, el público quedó encandilado con un lujoso retrato de la perfección del hombre, de su estatus de ser indeterminado, pero ante todo, agradeció que se tratase de una historia que trascendiera cualquier emoción relacionada con la inspiración, la auténtica exaltación de la belleza humana, la que recorre el mundo buscando encontrar la manera de conquistarlo. Justo el mismo pensamiento que Steve Jobs le regaló a la humanidad, cuando se alzó sobre ella y quiso permanecer a su lado. Justo el mismo que se espera de jOBS.

Este artículo se publicó el dia 25/3/2013 en la edición impresa del diario Málaga Hoy.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1488693/entre/la/perfeccion/y/la/utopia.html

viernes, 22 de marzo de 2013

La perspectiva: la televisión emociona

Soy un gran seguidor de Conan O'Brien, y por eso quiero compartir esta historia que tanto me cautiva. Puede que sea una de las historias de agradecimiento y superación que más admiro y respeto (aunque las respeto y admiro todas). De todos es sabido que Conan O'Brien presenta una de las carreras más icónicas de la televisión estadounidense: guionista de Los Simpsons, etc...
Cuando le ofrecen dirigir y llevar su propio Late Night, O'Brien comienza con un programa soberbio, hilarante. Siempre me he identificado con su humor maduro, en ocasiones infantil y adorable, y en otras rotundo y magistral.
Me asombra que aquí, lanzase al estrellato al antes desconocido Jimmy Fallon:


Tras algunos años, cancelaron el show de Conan O'Brien, y Jimmy Fallon tomó su relevo. O'Brien pasó por una etapa durísima de su vida. Existe un documental espectacular sobre el momento en el que este embajador del humor inteligente estaba en su peor momento, y pasó por una etapa en la que comenzó a transgredir la norma del humor socarrón, buscando lo que de verdad quería para si mismo, y lo que quería para su público . Dicho documental se llama Conan O'Brien Can't Stop, y resulta revitalizante, más que nada, por el apoyo moral de una gran cantidad de celebridades que ven en Conan a un grandísimo profesional. Además, se le ve como realmente es: un ser humano con un talento sobrecogedor, y una actitud, ante todo, admirable.

Más tarde, llega el momento que hace que cualquiera que sienta esta historia en el alma derrame alguna lagrimilla. Conan O'Brien regresa a la televisión con su Late Night, Conan, que se emite en la TBS y decide pasarse por la casa que lo acogió durante tantos años, y saludar a su compañero Jimmy Fallon, que ahora trabaja como presentador de su propio show en dicha cadena, la NBC. Este momento guarda un maravilloso trasfondo con el que es fácil identificarse:

 Toda una historia de superación, personal, profesional y, ante todo, humana. Recordar a uno de los mejores cómicos del mundo siempre viene bien. A Conan O'Brien lo podéis disfrutar todas las semanas. Cuando se convierta en un clásico, se le podrá recordar.

lunes, 18 de marzo de 2013

'Justified': el western sabe de leyendas

Timothy Olyphant: lecciones de madurez interpretativa
Es imposible ver Justified y no sentir la necesidad de profundizar en el misticismo que rodea las familias, los clanes, los matriarcados y las castas de ese cruel pedazo de mundo que es el condado de Harlan. El odio y el afecto que existe en esta región de Kentucky despierta demasiada curiosidad, y más, que en medio esté el marshal Raylan Givens, la mejor creación de Elmore Leonard hasta la fecha. A medio camino entre el John Wayne de El hombre que mató a Liberty Valance y el Alan Ladd de Raíces profundas, el Raylan de Timothy Olyphant es el ideal de la obra de Leonard. En su figura, de andares similares a los de Wayne, y de una fiereza descomunal, cercana a la del asombroso Gary Cooper, se apilan las bases de la mejor novela negra (híbrido entre la dureza de Raymond Chandler y el realismo de George V. Higgins), y las influencias del western épico. Por no hablar de la complejidad con la que se le ha desarrollado, no como un ser superior y arrogante, sino como un intento de salvavidas, un pistolero indomable que no busca destacar, sino proteger al clan, aunque puede que antes de llegar hasta ahí, haya tenido que madurar y dejar de lado sus intereses. Aquí, el clan es la integridad de su pueblo. Lo tiene todo para ser una leyenda una y referencia del western contemporáneo.


Elmore Leonard ha creado una enorme mitología alrededor de Harlan, que ya comenzaba a formarse durante los años 70, entre el jaleo armado entre los mineros y los piquetes de las compañías mineras, algo que, cualquiera al que le interese, podrá comprobar en el magnífico documental ganador del Oscar Harlan County, USA. En Pronto, uno de los mejores trabajos del escritor, nace el personaje de Raylan, que va arrastrando desde Miami hasta Sicilia esa estirpe de brutalidad que va directamente ligada a su pueblo natal. Todo ello se puede comprobar en esos épicos y contenidos tiroteos fordianos, que encuentran una espléndida representación en este drama televisivo. Esta serie, además de ser fiel al agresivo espíritu de la obra de Leonard, representa todo lo que no llega a ser la televisión actual: continuidad. Desde su imprescindible segunda temporada, e incluso a partir del final de la primera, la serie ha conseguido hacerse con un ritmo narrativo que no se ha visto mermado en sus años de emisión. Raylan, novela que llegó en 2012 a España, también de Leonard, sirvió para elaborar algunas de las tramas de la segunda y la tercera temporada. Aquí al escritor se le nota el pulso de guionista, más alejado de la expresividad novelística.

Sin embargo, su rostro más crudo, sus conversaciones, se mueven en torno al duro realismo de los diálogos leonianos, que podrían acabar perfectamente sentenciando unas cuantas vidas. En ellos reside la fuerza de la narrativa de Elmore Leonard, que se ciñe bastante a la de George Higgins y se las idea para dar a luz a una nueva clase de criminales, tan bocazas que entre sus obscenas y realistas parrafadas esbozan más de una verdad. No cuesta mucho entender al íntegro Boyd Crowder del sensacional Walton Goggins, ni las aspiraciones familiares de la inolvidable Mags Bennett, interpretada por la extraordinaria Margo Martindale. Todos ellos son, en cierta manera, ladrones como nosotros, que además de homenajear al título de la imprescindible novela de Edward Anderson, representa la vitalidad del comportamiento humano, de cómo los extremos de la crueldad pueden cambiar a la gente. En este caso, a casi todos los mueve la fortaleza de sus familias, y no la codicia, que impera en cualquier política ajena a la de este sanguinario Harlan, que, para bien o para mal, ya es un aliciente. Y aunque su posición de villanos los delate, sus valores también, y no como las actuaciones de los capos de Detroit o Miami, que están guiadas por cualquier cosa menos por la violencia consentida.


Y además de Mags Bennett, un personaje impasible, que trasciende la fuerza del cariño materno hasta casi despedazarlo, cabe mencionar que la supuesta princesita de Harlan, Ava Crowder, ha conseguido darle a la mujer el lugar que se merece en una serie de este calibre. Faltaría más, puesto que la esencia del western clásico creó un prototipo de mujer luchadora y enérgica, capaz de valerse por sí misma y poseer una fuerza de voluntad mucho más imbatible que la de cualquier pistolero, y en Justified el respetuoso honor que se le hace a este canon es sobresaliente.

Es la naturaleza de la sociedad de Harlan, tan envolvente, que es imposible abandonarla, al menos, con vida. Y aunque el final de Raylan Givens sea incierto, si es abatido por proteger al pueblo, éste tendrá en cuenta que cuando la leyenda supera la verdad, el pueblo siempre recuerda la leyenda.

Este artículo ha sido publicado el dia 18/3/2013 en la edición impresa del diario Málaga Hoy.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1483640/western/sabe/leyendas.html

viernes, 15 de marzo de 2013

Los cuartos: las flores rotas de la Champions



Esta Champions es demasiado provocativa. Por eso me agrada tanto que, llegados a los cuartos de final, todos los imbatibles británicos estén en sus casas. Podría resultar decepcionante, nadie dice lo contrario, pero los pesos pesados de Europa son los justos merecedores de sus respectivos resultados. No me provoca ninguna indiferencia que Nani fuese expulsado, pero si que el Real Madrid se reprima su actuación, maravillosa en todos los aspectos, durante la vuelta de los octavos de Champions. 'El mejor equipo perdió' esbozaba José Mourinho. Chorradas para una prensa que necesita la humildad de un técnico que jamás me ha resultado un prepotente. El equipo que perdió esa noche, mereció perder, por lo que, la lógica nos dicta que el Real Madrid fue un justo vencedor. Me convence su juego, su agresividad, su retorno a una técnica vitalista y entregada.

No hago reproches fuera del campo a ningún jugador para criticar su actuación dentro del campo, al igual que no me ensaño con las opiniones de ningún realizador para criticar su obra. Criticar a la persona y al jugador, es algo muy distinto. Hablo, por supuesto, de Benzemá. Por ello, como persona, me decepciona su irresponsabilidad al volante. Como jugador, más todavía. Carente de la chispa de sus anteriores partidos (cuando hablo de 'anteriores' me temo que me tendría que remontar a bastante atrás), BenzeMalo me recuerda a esos pasajes de los mejores libros que tratan de olvidarse porque el autor hizo una analogía fallida o, simplemente, le salió mal la jugada. Lo de Benzemá ya es reiterativo. Si hay que hablar de justos merecedores, su suplencia es, sin duda, más que justa.

El Málaga CF me ha conquistado. Un equipo que parece no dilucidar su propio (incierto) futuro en liga, ha obrado el milagro. Derrocar al Porto de su tan elogiado triunfo en su campo es algo sorprendente, y más, cuando se trata de un equipo feroz, brutal, que ya demostró su talento en la primera vuelta. Es complicado pensar que este Málaga pueda ganar la Champions, pero su poderío personal y colectivo es enconmiable. Puede que hacer historia sea más importante que arrasar en una competición bastante turbia para este equipo.

Espero ver un grandísimo espectáculo entre el Barça y el PSG, un partido que promete ser sanguinario; una refutación de la elegancia culé frente al elitismo francés (que no tan francés). Todo esto me recuerda a mis olvidadas flores rotas en Europa, las cuatro posiciones que se ganarán los 4 equipos que pasen a semifinales. Aquí hay recuerdos que obviar, pero mucha historia que recordar. Será mejor hacer este ejercicio de conciencia antes de que algún ente del pasado nos invite a revisitar estos emocionantes momentos de Champions. Y lo más importante: dicha vuelta al pasado, sería demasiado dolorosa, como para recordar lo que pudimos ver, y nos perdimos.Como la obra maestra de Jim Jarmush. Puede que sea hora de alguno la revisite también.
Flores rotas que recordaremos con dolor y soledad.

lunes, 11 de marzo de 2013

'Star Trek: En la oscuridad': el reto de Abrams

Al que en su momento le costara comprender las insinuaciones filosóficas y los complejos estudios emocionales de Perdidos, probablemente, no acabará de conectar con ese impetuoso director que es J. J. Abrams. Más que nada, porque esa necesidad de pausar la acción, y de recrearse en el aura sentimental de sus protagonistas, es algo que lleva arrastrando desde esa potente obra televisiva. Y por ello le llovieron muchísimos palos, porque esa implacable trascendencia acabó por lucir demasiado forzada. El culpable: el dichoso final, y el chivo expiatorio: el guionista Damon Lindelof. Pero para los amantes de la característica lírica de Perdidos, que su final fuese repudiado se debe a que no se entendiera. En cualquier caso, incluso entendiendo la parrafada final de una de las series peor rematadas de los últimos años, es muy complicado que el semblante naíf de Abrams pueda llegarle a alguien si no le convencieron las seis temporadas de la serie. Sus siguientes experimentos televisivos (Alcatraz, Revolution), donde ese tono melancólico y emotivo ha desaparecido totalmente, han demostrado que el fallo de Perdidos no residía en la forma, sino en el contenido. Puede que Fringe sea la que mejor ha equiparado sus carencias técnicas con sus interesantísimos planteamientos.


De todas formas, su torpeza con sus proyectos en la pequeña pantalla han servido para hacerle madurar como realizador, porque su jugarreta comercial con Monstruoso era más propia de un publicista sinvergüenza que de un productor con poca experiencia y demasiado dinero en el bolsillo.

Obviando su hastiada, aunque incomprensiblemente laureada Super 8, su bello y peculiar tratado de la acción en Star Trek (2009) es algo en lo que merece la pena centrarse. Todo en este espectáculo visual resulta sobrio y solemne. Además, representa toda una declaración de intenciones fuertemente ligada al espíritu optimista de la obra de Spielberg. En ese aspecto, se diferencia claramente de sus antecesoras, con las que apenas comparte algo de similitud a nivel artístico. Al fin y al cabo, la incursión de Abrams en el universo trekkie acaba por ser tan mística y poderosa que resulta imposible odiarle.

Después de cuatro años, Abrams se vuelve a poner a los mandos de la popular Enterprise con Star Trek: En la oscuridad, que pretende convertirse en el punto de inflexión de la saga, como uno de sus relatos más serenos y trágicos. Pese a que su estreno en EEUU esté previsto para el mes de mayo, a España no llegará hasta el 5 de julio de este año.

Uno de los aciertos de Abrams para esta esperada secuela ha sido el de contar con uno de los actores más expresivos y elocuentes del panorama audiovisual, y que, irónicamente, es uno de los más infravalorados: Benedict Cumberbatch. Todo un embajador del vitalismo y la vehemencia interpretativa, su moderno Sherlock Holmes ha conquistado a un gran número de espectadores en todo el mundo. Todo debido a su fuerza y poderío, que recubre Sherlock (serie que protagoniza sobre la magnífica invención de Arthur Conan Doyle), y que, básicamente, la hace suya. También podría deberse al aura que su personaje desprende, a la simpatía con la que juega con su público, y a la tortura a la que lo sometió con su trágico final, que por ahora, ha dejado la serie en suspenso hasta finales de este año o el que viene, un fenómeno muy parecido al que sucedió realmente cuando Conan Doyle decidió darle punto y final a su personaje. Pero la clave reside en que, por ejemplo, Robert Dawney Jr. se disfraza de Sherlock Holmes en las magníficas películas de Guy Ritchie, pero Cumberbatch es Sherlock Holmes. No adopta sus gestos, los clona, dando lugar al homólogo contemporáneo más perfeccionado que se podrá encontrar del famoso detective. En Star Trek: En la oscuridad interpretará a un villano del que se ha rumoreado varios nombres. El último, John Harrison. A estas alturas nadie cree que exista un papel en el que no pueda introducirse este gran actor británico.

Puede que Abrams haya confundido en más de una ocasión lo que significa aportarle profundidad a un producto comercial con hacerlo más complejo. Después de varios tortazos televisivos, parece venir con la lección aprendida, porque regresar con un proyecto de la magnitud de Star Trek no puede significar otra cosa que una inyección de autoestima para sí mismo. Por el bien de la fama que precederá a su llegada a la franquicia Star Wars, más le vale haber creado algo que su público pueda corresponder.

Este artículo se publicó en la edición impresa del diario Málaga Hoy el dia 11/3/2013
 Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1478303/complejo/reto/para/j/j/abrams.html

sábado, 9 de marzo de 2013

Mis series

Vivir sin ellas sería...complicado. No me puedo quitar de la cabeza sus tramas, sus personajes y protagonistas. Aquí van 5 series (sin ningún orden concreto) que todo el mundo debería ver, y que, al mismo tiempo, han dejado una gran huella en mi personalidad. Considero que cada una de ellas, es un clásico atemporal:

DEXTER

 HOUSE


BREAKING BAD

JUSTIFIED


THE WIRE

viernes, 8 de marzo de 2013

Perdidos en el espacio

Las ganas que tenía de jugar a Aliens: Colonial Marines son muy difíciles de describir. Me asediaba el sentimiento de encontrarme con algo genuino, brutal y magistral. Las imágenes que iban apareciendo sobre el juego en desarrollo me dejaban poso. Más que nada, por la ambientación, soberbia, que mostraba los helados y salvajes parajes de LV-426, como un desolado plano maestro para ejecutar la violencia y la agresividad de los populares xenomorfos.
Durante los primeros minutos del juego, podemos comprobar lo que nos espera: un shooter sin gracia, sin guión, mal conducido por unos personajes planísimos, horrorosos, que bien poco nos importaría que muriesen despedazados por cualquier criatura alienígena. Hablo, claro, incluyendo al dichoso protagonista de esta historia.
Uno de los aciertos de casi todos los juegos de la serie (también de Aliens vs. Predator) fue el de equiparar la separatidad del protagonista con ciertos momentos en los que el amparo de sus compañeros le permitía tomarse un respiro. En Aliens: Colonial Marines, no hay miedo, más que nada, porque no existe. Tienes en tus manos un rifle de munición ilimitada (porque encuentras munición cada 5 segundos de juego), y peleas contra unos inanimados insectos gigantes que acaban por resultar una insufrible falta de respeto al gran bicho de H.R Giger. Aquellos que idolatraran la magnífica Alien y su interesante secuela Aliens, aqui perderán el tiempo buscando la belleza entre unos gráficos correctos (desfasados por momentos), personajes horriblemente escritos y un guión que tras algunos giros finales (Hicks sigue vivo, ¡¿qué coño?!) asusta lo que pueda hacerle a la mitología Alien. La decepción es dolorosa. Tal vez demasiado. Escapa de él por el bien del legado de una saga mítica.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Lobezno inmortal

La violencia, la espontaneidad y la brutalidad de los antihéroes es algo que resulta realmente enigmático. Porque les funciona eso de segar vidas bajo la atenta mirada de la justicia, que dicen llevar en todo momento como símbolo de lealtad y escudo moral. Al cabo de un tiempo, acaban marginándose en andrajosas tabernas de mala muerte, y abandonándose a los placeres del whisky, envejeciendo junto a él y recordando viejos baños de sangre. En el mundo del cómic, la sobriedad del blanco y negro permite que estos personajes sufran y hagan sufrir con una frialdad sumamente efectista. Fue el caso de El Castigador, archiconocido estandarte de la violencia justificada ideada por Marvel Cómics. Contó con una magnífica adaptación a la gran pantalla en 2004, una gran deudora de la agresividad y la musicalidad de los spaghetti westerns.

De todas formas, algo más ejemplificador (y comercial) es el ejemplo de Lobezno, al que ha dado vida el versátil Hugh Jackman en diversas ocasiones. Pese a que se le haya acabado introduciendo en círculos colectivos en la saga X-Men, siempre ha terminado visualizado y perfilado como un animal individual, enredado en ese particular misticismo ya mencionado que gira en torno a los antihéroes. Si se pasa por alto su evolución con el paso de las últimas películas de la saga, queda claro que se le presentó como una tangente desolada y retraída del Rambo de Stallone, sometido, irónicamente, a una presión social muy parecida a la que sufrieron los veteranos de la Guerra de Vietnam.

Al fin y al cabo, esta suerte de justicieros está continuamente en el punto de mira del progresismo más crítico, lo que les acaba llevando al sentimiento de incomprensión que tortura su estilo de vida. En ese aspecto, Lobezno es un personaje extrañamente masoquista; lo que sabe del amor siempre lo ha acabado ligando a la crueldad, por ejemplo. Así se le intentó definir en la no infravalorada, pero sí maltratada X-Men Orígenes: Lobezno.

Sin embargo, parece que se le va a inyectar al personaje una dosis final de la ferocidad tan carismática de los antihéroes en Lobezno inmortal, cuyo estreno mundial será el 17 de julio de este año. Esta cinta, en vez de proseguir con el predecible pero desconocido pasado del justiciero, continuará la acción de la película X-Men: La decisión final, que acababa de una manera bastante más devastadora y pesimista que cualquiera de las anteriores.


Se estuvo rumoreando que el íntimo y realista Darren Arronofsky (Cisne Negro), al que resulta imposible odiar cuando se recrea en la profundidad del nervio y la inquietud, se podría haber puesto a los mandos de este giro del personaje. Finalmente, la tarea ha recaído en el clasicismo visual de uno de los realizadores más injustamente olvidados del panorama norteamericano: James Mangold. Sobrio y contemplativo director de la estupenda revisión del clásico relato de Elmore Leonard El tren de las 3:10, Mangold se ganó la simpatía de la crítica y el público al rodar su trabajo más redondo a día de hoy con En la cuerda floja. Aquel tragicómico drama biográfico centrado en los matices vocales del gran Johnny Cash contó con una serie de prestaciones artísticas que han permitido considerarla una discreta obra maestra. Además de la contundencia expresiva de un enorme Joaquin Phoenix (que recientemente ha vuelto a demostrar en la sobresaliente The Master), la no edulcorada belleza elitista de Mangold empañaba todas las caras de aquella cinta. Porque la iconografía setentera exudaba calor humano, o lo que es lo mismo, un realismo atroz en una época plagada de prejuicios sociales y antiprogresistas.

Es ese mismo realismo el que se ha echado tanto en falta a la hora de representar el talante violento de un ser sanguinario e incomprendido como es Lobezno. Como con los veteranos de guerra o los cantantes drogodependientes, existe un terrible temor a que su faceta más superficial, autodestructiva en su mayoría, opaque la pureza moral de la sociedad. Por ello son injustamente apartados de un mundo que los necesitó, y que tarde o temprano, los volverá a necesitar. Un pasado así de oscuro es el que permanece en la memoria de aquellos que conocen bien a Lobezno. Ahora queda por ver su futuro, y éste sí es impredecible.

Este artículo salió publicado en la edición impresa del diario Málaga Hoy el lunes 4/3/2013.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1473051/las/idas/y/venidas/antiheroe.html

La tele

Veo la tele. Si, veo la tele. Veo que ese inventazo que sirve para proyectar cosas, cosas que en su mayoría son chorradas que presentan presentadores chorras y que las ve un público chorra, todavía sigue existiendo. ¿En serio? Sí, sigue existiendo. Veo un canal, 'La 1', ese que emite los programas que no interesan (porque los interesantes están en 'La 2', como Saber y ganar, Redes, y esos programas que nadie ve aunque deberían). Los domingos por la noche, emiten una película, 'la película de la semana', cuando han emitido unas 12 películas en toda la semana entre los dos canales, pero, de alguna manera, la que emiten el domingo por la noche es más importante ¿por qué? Suele ser para un público más amplio (jaja) o porque recibió el aplauso de crítica y público (jaja, si, esto lo podéis comprobar viendo que hace un par de semanillas emitieron 'Transformers 2'). Esta semana emiten 'La piel que habito' en 'La película de la semana'. Esto ha hecho que me piense seriamente si quemarme a lo bonzo o inmolarme. Finalmente, ha predominado la opción de no ver la televisión esa noche. Luego, en Antena 3, otro canal muy extraño, veo que salen muchos famosos que son famosos por razones que desconozco. A fin de cuentas, sale Pablo Motos, o un presentador que usa pimentón en lugar de gomina para el pelo, y que en vez de hormonarse para crecer en altura lo hace para desarrollar pectoral y abdominales. Cuenta cosas, la gente se rie. Yo no. Luego, hay un programa llamado 'Splash'. Va de esos 'famosetes' que se tiran al agua. Veo que hay un jurado, en el que está Guti, ese crack que debería estar jugando al fútbol en lugar de hacer gilipolleces, y un tío al que en Antena 3 se le puede ver 23 veces al día y que se llama Santiago Segura. Tiene pelo, pero pensar que no lo tiene es totalmente racional, porque que dos matas de pelo asomen en una calva puede no considerarse 'tener pelo'. En fin. Cambio de canal. Veo un programa que se llama 'Hay una cosa que te quiero decir'. Hay gente que va porque el equipo del programa encuentra gente que ellos están buscando. El equipo lo encuentra, lo trae al programa, y en vez de organizar un encuentro bello y emocional, cogen al invitado, lo ponen tras un monitor gigante en forma de sobre, y al 'destinatario' lo ponen al otro lado. Cuando se han dicho lo que tienen que decirse, un tio que cobra por horas tira del monitor gigante hacia dentro y los invitados se abrazan. Lo presenta Jorge Javier Vázquez, el tio que no conoce ese invento llamado 'máquina de afeitar'. Me dicen que tiene un Premio Ondas. Bueno, Sandra Bullock tiene un Oscar ¿no? En ese mismo canal emiten algo llamado 'Gran hermano'. Cambio de canal.

Conclusión: La tele está inventada. La bomba atómica también, y no nos pasamos todo el día mirándola. Puede que fuera más sano.

domingo, 3 de marzo de 2013

Los 50 mejores guiones de la historia del cine

El sindicato de guionistas ha hecho pública una lista donde se aprecian sus gustos y opiniones con respecto al guión de 101 películas. Concretamente, para ellos, los 101 mejores guiones la de Historia del Cine. Estos son, a mi parecer, los 10 mejores guiones de la historia del cine, que difieren bastante de la mencionada lista:


1.- El hombre que mató a Liberty Valance
2.- El Apartamento

3.- El Padrino II

4.- El hombre que pudo reinar

5.- Taxi Driver

6.- Las uvas de la ira

7.- Ser o no ser

8.- Casino

9.- En el calor de la noche

10.- Dulce pájaro de juventud

11.- Danzad, danzad malditos
12.- Hasta que llegó su hora
13.- Repulsión
14.- El crepúsculo de los dioses
15.- Casablanca
16.- El Padrino
17.- El expreso de medianoche
18.- Alguien voló sobre el nido del cuco
19.- La ley del silencio
20.- La jungla del asfalto
21.-Doce hombres sin piedad
22.- Chinatown
23.- Annie Hall
24.- La leyenda del indomable
25.- El ladrón de bicicletas
26.- Alien
27.- Escondidos en Brujas
28.- Los duelistas
29.- La diligencia
30.- El séptimo sello
31.- Testigo de cargo
32.- Sin Perdón
33.- Mystic River
34.- El verdugo
35.- Irma la Dulce
36.- Simón del desierto
37.- Viridiana
38.- La pasión de los fuertes
39.- Centauros del desierto
40.- El caballero oscuro
41.- Lock & Stock
42.- Manhattan
43.- Barton Fink
44.- El confidente
45.-Cowboy de Medianoche
46.- Perros de paja
47.- El resplandor
48.- Lost in translation
49.- Life Aquatic
50.- Match Point

¿Libros? No deberíais leer estos.

La literatura del siglo XXI, a excepción de casos muy puntuales y de autores que generalmente no paran de sorprender, es clara y dolorosamente deficiente. Ya no se busca nada más detrás del romance o el lirismo, que comienzan a cansar. El recurso a la belleza, a la idolatría al ser humano, es algo deleznable e insulso. La simple creencia de que escribir sobre los sentimientos del hombre será el futuro de la literatura es un error garrafal. Más que nada, porque ya no interesa su mentalidad. Porque el error de esta autodefinida 'libertad de expresión' ha acabado por fabricar en serie y empaquetar individuos sin diferencias éticas y morales, y no me apetece leer nada sobre seres humanos que piensan igual y que actúan según lo establecido por la sociedad actual. A fin de cuentas, me interesa más lo pretenciosos que resultan los títulos de algunos libros que aconsejo no leer. Más que nada, porque casi todos ellos resultan burdos, repetitivos, de una narrativa bastante pretenciosa, a la que le falta la humildad de la literatura de siglos anteriores. De todas formas, quiero añadir que hay bastantes autores españoles que están escribiendo aunténticas maravillas y no llegan a ser líderes de ventas como otros autores con más gancho comercial. Sin más, os dejo una recopilación de 5 títulos que me han parecido merecedores de la hoguera. Sigo diciendo que el contexto pretencioso (e insisto en esta palabra, porque es la base de la literatura moderna del siglo XXI) de los títulos ya es destacable:

-Lo verdadero es un momento de lo falso Lucia Etxebarria
-Un milagro en equilibrio Lucia Etxebarria
-Nosotras que no somos como las demas Lucia Etxebarria
-La vida imaginaria Mara Torres
-El curso en el que me enamoré de ti Blanca Álvarez


Iré añadiendo 5 más con el paso de los días.