Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

viernes, 22 de febrero de 2013

Matar o no matar

Tras acabar 'Zero Dark Thirty', con la despampanante banda sonora de Alexandre Desplat, a uno le invade la masoquista necesidad de recomendarla a sus colegas. Más que nada, porque este artificio de Kathryn Bigelow posee la fuerza de un artículo de prensa, bien redactado, conciso, aclaratario en ciertos aspectos y obviando todo aquello que no reluzca en favor del interés del escritor. Siendo sinceros, a esta 'columna' le sobran palabras. Lo que trata de montar Bigelow con los primeros 15 minutos, con los llantos y los chillidos de las víctimas del 11-S, resulta conmovedor y el impacto provocado en el complacido espectador es totalmente altruista. Nadie necesita imágenes de ello, porque no habrá ni existirá nada tan chocante como los vídeos y las instantáneas que se difundieron poco después del atentado. Ahí Bigelow demuestra un buen trato con el realismo, pero las secuencias referentes a las torturas, me extasian. No veo lecturas ni trasfondo en una tortura plana, superficial, que ni raspa la corteza de la dureza de estos métodos tan sumamente criticados. Teniendo en cuenta que el primer cuarto de hora se dedica a perfilar a algunos personajes a través de la visión de estas imágenes, me reafirmo a la hora de decir que aquí me sobra metraje. Y pese a que Jessica Chastain sea una flor innata del talento interpretativo, su personaje no está a la altura de su calidad expresiva. Me resulta grotesco; no lo introduciría ni en una novela de espías mal construida. Pero este personaje, se supone que está rodeado de decenas de matices morales y éticos. Una pena que no acabe de conectar con él.


Puestos a repudiar algo de 'Zero Dark Thirty': el final. Si bien toda la película (a excepción del forzado comienzo) hace un repaso exhaustivo de la búsqueda del mensajero entre Bin Laden y otros miembros de células anexas, la muerte del responsable directo de los atentados del 11-S le deja a uno indiferente. Es imposible no emocionarse con el paseo de los helicópteros por la oscuridad de la noche entre las sierras, o con el asalto de los Seals al piso franco...pero, sinceramente, un público como el norteamericano, rabioso, deseoso de ver abatido a su enemigo número 1, aquí no encuentra satisfacción. Puede que así ocurriera: entre sombras. Que una bala tumbase a un ser en la noche, y que ese ser fuera Bin Laden, pero Bigelow, que se moja con temas como la tortura, el chovinismo y la crueldad ética, aquí se queda a medio gas. La 'película sobre la muerte de Bin Laden', donde, y aportando más franqueza al tema, el leitmotiv del filme era esa escena en particular, acaba con una incógnita que no resuelve con solvencia una saturada ópera de 150 minutos. Efectivamente, vemos un cuerpo caer, unas imágenes bastante pobres de una cámara de fotos no tan pobre, y una mirada, la de Chastain, que no me transmite nada. Ni sensación del deber cumplido, ni emotividad. No costaba nada ver claramente el rostro de Bin Laden (y si no era él, tampoco costaba vérselo al fallecido). La solución de este drama es demasiado tramposa como para considerarla merecedora de los elogios que le han llovido desde antes de su estreno. Lástima, no, decepción, porque a la hora de matar, más de uno se lo ha pensado: mejor no mojarse con esto, mejor hacerlo con temas polémicos como la tortura y el patriotismo exacerbado. Porque matar a Bin Laden es polémico,  pero está a otro nivel.

Por Simón Cano Le Tiec

Por favor, Katie, vuelve a la acción emocional.

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