Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

martes, 5 de febrero de 2013

Después del fin: la reválida de un cineasta

A día de hoy, encaminarse a ver una película de M. Night Shyamalan es algo que va ligado al masoquismo, pura y mayoritariamente dañino. Hace poco más de diez años, decir esto hubiese sido impensable, cuando ese talento en bruto, arraigado a ese seductor y medido tratamiento del suspense (que iría cuidando con el paso de los años) obraba aquellos sensacionales trabajos que fueron El sexto sentido y El protegido. Por aquel entonces, Shyamalan era muy dado a recrearse en sus personajes, a engañarles y a atormentarles si era necesario, pero todo ello bajo un encuadre que buscaba la creatividad en el diálogo, y la continuidad en la pausa. En su infravalorada El bosque, magnífica cinta sobre el fundamentalismo social, torturaba la carne de su público con los gritos y las revelaciones de sus protagonistas, al igual que en su archiconocida Señales, que demostraba su particular habilidad para exprimirles hasta la última gota de sudor a sus actores. Sin embargo, esa etapa de lucidez temática frenó en seco con la llegada de La joven del agua, el casi autoproclamado principio del fin.

A Shyamalan se le agotaban las ideas, se llevaba las manos a la cabeza pensando como simular algo de originalidad al trabajar con las asperezas del surrealismo, mientras iba engendrando una fábula de dudoso corte dramático, que lo llevaría al desastre. Poco después, llegaría ese incomprensible relato de horror con ínfulas de radicalismo hippie que supuso El incidente, cuyas superficiales lecturas rozaban el agotador progresismo tan propio de los cineastas acabados.

Solo le quedaba suplicarle a los cuatro vientos que su siguiente batacazo (anunciado, por supuesto) no fuese tan estrepitoso. Poco caso le hicieron cuando Airbender, el último guerrero salió de la sala de montaje. En aquella cutre superproducción, de talante supuestamente épico, la agonía argumental de Shyamalan tocó fondo. Un filme escabroso, de espeluznante belleza digital, trazada a navajazos por un director kamikaze al que poco (o nada) le importa la opinión de aquel público que, en algún momento de su carrera, consiguió ganarse. Puede que ni él mismo recuerde su maestría narrativa en El protegido o su torturador genio en El bosque. De todas formas, es imposible seguir teniendo todos esos atributos en cuenta. Es inevitable caer en las tentaciones del éxito comercial; casi todos los grandes directores han caído en algún desvarío similar, pero nunca hasta el punto de llegar a encarrilar tres grandes fracasos, como es el caso de Shyamalan.

Si pretende ser algo más piadoso con sus espectadores, puede conseguirlo con su último proyecto, After Earth, un drama post-apocalíptico protagonizado por un Will Smith al que ya se le nota bastante perjudicado. Si su talento para hacer malabares con ciertos sentimientos en sus expresivas En busca de la felicidad o Siete almas nunca fue discutido, ahora presenta bastantes más dilemas acerca de su característica polivalencia artística. Sus numeritos cómicos, sus gracietas que aquí se sostienen gracias al magnífico doblaje de Daniel García, y que tan de moda estaban a principios de siglo, comienzan a resultar repetitivas. Su expresividad dramática, correcta, y aprovechada en unas cuantas ocasiones, acaba solapada bajo esa simpática personalidad que acaba por resultar agotadora. Si trata de demostrar que todavía le queda fuelle para redimir al tedioso director indio, va a tener que esmerarse, porque si su próxima película oculta una faceta de extrema ridiculez cómica, como fue el caso de El incidente, puede ir haciendo borrón y cuenta nueva. Fracasar con Shyamalan pesa bastante, y si no, que se lo pregunten a todo el reparto de Airbender, que todavía temen los tomatazos del público popular.

El odio que ha suscitado Shyamalan puede llegar a un punto y final, ahora que parece que ha decido tomarse en serio el dramatismo de un relato despiadado y cruel, como es el que trata de desarrollar en After Earth, que luce una apariencia de pulcritud que no rozaba desde hacía años, tanto a nivel artístico como emocional. De todas formas, obviando aquellas primerizas genialidades, M. Night Shyamalan empieza de cero. Una lástima.

Por Simón Cano Le Tiec

Este artículo se publicó en la versión impresa del diario Málaga Hoy el lunes 4 de febrero de 2013.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1452949/despues/fin/la/revalida/cineasta.html

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