Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

martes, 26 de febrero de 2013

El lugar perfecto para un tiroteo final


Seven Psychopaths -Siete psicópatas (Martin McDonagh, 2012)

Suena: Stranded de The Walkmen


Django mal encadenado


 ¿Qué le pasa a Django?

Cuesta, y mucho, hacer solvente un ejercicio cinematográfico de cerca de tres horas. Sin duda, el último trabajo de Quentin Tarantino, Django desencadenado, lo logra a ratos. El problema es que el cine tarantiniano presenta ese error garrafal de  no saber limitarse. No es consciente del hecho de que su a ratos (si, otra vez, esto funciona durante pequeños intervalos de tiempo) ingenioso guión está diseñado para ser sostenido por dos actores secundarios (los excelentes Christoph Waltz  y Leonardo DiCaprio). Los cerca de 25 minutos finales, donde ambos personajes ya han desaparecido, no pueden aguantar sobre los hombros de Jamie Foxx, un actor que aquí, sinceramente, no da la talla. Él no tiene la culpa; la tiene la superficialidad con la que se ha escrito su personaje. Porque en 2 horas de cinta, el espectador no acaba de ver en Django los rasgos infantiles que tan atractivos resultan en el dentista interpretado por Waltz, ni la enigmática, agresiva e impredecible presencia del terrateniente sureño al que da vida DiCaprio. Porque no da conversación. Porque es un protagonista con un tercio (o menos) del protagonismo de sus compañeros. O porque, volviendo a lo anterior, está mal escrito.


Obviando esta importante metedura de pata, hay que reconocer que a Django desencadenado le sobra metraje. A lo sumo, puede que meter tijera y cortar unos 45 minutos sea lo más apropiado. El final, el regreso a la casa grande, los dos sangrientos tiroteos que provocan indiferencia (según guste o no ver un tiroteo desmedido acompañado de un poco de rap, donde, claramente, pegaba una versión intrumental) y el sencillo felices para siempre no están en absoluto a la altura del ingenio que se desprende con la tensión existencial en las secuencias del interior de la casa (la charla sobre la frenología, la presentación del personaje de Samuel L.Jackson, etc..). Esto no es Tarantino. Porque el cine de Tarantino es plano, superficial, algo vacío e insustancial, pero no tanto. Django... se deja ver y oír, pero no recordaré frases ni referencias de ella, como si lo hago de Reservoir Dogs o Malditos Bastardos.

Nota personal:

La pistolita de Waltz, una Derringer del calibre 22., se inventó después de la guerra. Teniendo en cuenta que la cinta transcurre 2 años antes, hay gente que lo podría ver como un error, y más al tratarse de un modelo niquelado. ¿Por qué? Si en El álamo John Wayne podría haber empuñado un AK-47 sin problemas...

Mis Oscars 2013

Prefiero obviar a los premiados (y a los nominados) en la ceremonia de los Oscars de este año para poder pensar con claridad. Aquí están mis premiados de la noche:




Mejor película: Mátalos suavemente
Mejor director: Martin McDonagh por Siete psicópatas
Mejor actor: Joaquin Phoenix por The Master
Mejor actriz: Jennifer Lawrence por El lado bueno de las cosas
Mejor actor de reparto: Sam Rockwell por Siete psicópatas y James Gandolfini por Mátalos suavemente
Mejor actriz de reparto: Amy Adams por The Master
Mejor guión original: Martin McDonagh por Siete psicópatas
Mejor guión adaptado: Andrew Dominik por Mátalos suavemente
Mejor película en habla No inglesa: NO
Mejor película de animación: Frankenweenie
Mejor dirección de fotografía:  Mihai Malaimare, Jr. por The Master
Mejor dirección de producción: Mátalos suavemente
Mejor diseño de vestuario: Sharen Davis por Django Desencadenado
Mejor maquillaje: Roz Abery, Enzo Angileri, etc... por Prometheus
Mejores efectos visuales: El caballero oscuro: la leyenda renace
Mejor montaje: Brian A. Kates y  John Paul Horstmann por Mátalos suavemente
Mejor mezcla de sonido: Ray Beckett por La noche más oscura
Mejor banda sonora original: Carter Burwell por Siete psicópatas
Mejor canción original: Skyfall
Mejor película documental: Searching for Sugar Man


Presas del miedo y del drama. Hablando de 'Guerra Mundial Z'

Había algo de sátira en el cine de zombies de George A. Romero, padrino del género y de otros tantos autores que decidieron seguir sus pasos. Porque el parapeto social convierte instantáneamente a una obra mediocre, de sustos fáciles y giros argumentales que rozan la telenovela venezolana, en un relato con trasfondo, aunque esté oculto bajo litros y litros de sangre falsa. Parece mentira, pero esto gusta al otro lado del charco. En EEUU interesa, y mucho, que unos andrajosos muertos vivientes luchen entre sí y esto luzca como una metáfora sobre el agresivo bipartidismo del país. Aquí, sin embargo, ya hemos ensayado con eso y definitivamente España no tiene gancho ni gracia para el género, que ya hemos sobreexplotado hasta la saciedad con un experimento fallido como el que supuso la tediosa e insoportable REC. Con sus dos secuelas, cada una peor que la anterior, ha quedado patente la falta de dinamismo de algunos realizadores para guiar el tema hacia un puerto seguro.


De todas formas, el apocalipsis zombie es algo cínico se mire por donde se mire. El factor sorpresa del género es algo que yace en las memorias de los que idolatraban las peripecias de Romero, o que aún recuerdan las interensantísimas Yo anduve con un zombie o La legión de los hombres sin alma. Hay que agradecerle a la calidad, a la fuerza narrativa y a la elegancia de la serie The walking dead, que los muertos vivientes todavía tengan un sitio en los medios audiovisuales, porque entre la escasa (por no decir nula) sutilidad de ciertas producciones, no está de más decir que el género está en las últimas. Cada ejercicio que pretende inventar algo nuevo, o mantener un espíritu transgresor, acaba por ser un insultante océano de clichés argumentales. Resulta prácticamente imposible conectar con la actualización del género de estos últimos años. Carece por completo del atractivo efectismo del primerizo Zack Snyder con su implacable Amanecer de los muertos, y claro, de la quimera de Romero.


Esta es la situación que precede al estreno de Guerra mundial Z, basada (porque no se trata de ninguna adaptación) en la ingeniosa novela de Max Brooks y cuyo estreno está previsto para el 2 de agosto de este año. Y por si fuera poco, viene arrastrando una serie de polémicas que giran en torno a su producción, como el hecho de que el equipo de rodaje tuviera que volver a rodar una serie de escenas recientemente debido a cambios en el guión de última hora, o como que la película se haya salido del presupuesto inicial, de unos 125 millones de dólares, y ahora ande cerca de los 200 millones. Por no hablar de los innumerables y trágicos despidos que todo ello ha conllevado.

Dirige Marc Forster (Monster's Ball , Cometas en el cielo), interesante cineasta social con buena mano para los matices emocionales, y que, como demostró en la soporífera Quantum of Solace, se le da fatal eso de conducir espectáculos visuales. Se puede decir que lo más frenético y solvente que ha rodado este director son las escenas picantonas de Monster's Ball, e incluso ahí les aportaba cierto simbolismo que resultaba un tanto irritante. A su intenso lirismo le falta la brutalidad de la violencia primitiva. Porque, en el fondo, Guerra mundial Z debería tratarse como un drama individual dentro de uno colectivo, donde el miedo y el horror residen en la espontaneidad y en la furtividad de las miradas de los supervivientes. Todo ello lo despiertan la muerte y la oscuridad que los rodea.

De todas formas, entre tanta controversia girando alrededor de la película, encontramos a Brad Pitt, que ha pasado por unos años en los que ha madurado como actor, y que ahora posee una expresividad tan natural como enigmática. Con Mátalos suavemente dejó clara su faceta de galán de los bajos fondos, y con Moneyball y El árbol de la vida ha pulido una credibilidad que ahora más que nunca podría hacerle realmente merecedor de los elogios que le llovían por sus sosas y deleznables actuaciones de guaperas made in Hollywood. Por ahora, encabeza esa corta lista de intérpretes contemporáneos que han pasado de sus roles de rebeldes inconformistas para dejarle sitio al dramatismo humano.

Ahora bien, Forster y su elitismo intachable tienen un reto complicado, que es amortizar una cinta de resultados sumamente impredecibles, si bien podría suponer un interesante contrapunto al comercial cine de zombies, o un batacazo importante. Todo depende de la fiereza de la tragedia, de la perspectiva que todo el equipo de la cinta desee tomar, aunque, tras tantas complicaciones, el desafío, tristemente, le viene muy grande.

Por Simón Cano Le Tiec
Artículo publicado el lunes 26 de febrero de 2013 en la edición impresa del diario Málaga Hoy.
Lo puedes encontrar aquí:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1468140/apuntes/la/banal/poetica/zombie.html

viernes, 22 de febrero de 2013

Matar o no matar

Tras acabar 'Zero Dark Thirty', con la despampanante banda sonora de Alexandre Desplat, a uno le invade la masoquista necesidad de recomendarla a sus colegas. Más que nada, porque este artificio de Kathryn Bigelow posee la fuerza de un artículo de prensa, bien redactado, conciso, aclaratario en ciertos aspectos y obviando todo aquello que no reluzca en favor del interés del escritor. Siendo sinceros, a esta 'columna' le sobran palabras. Lo que trata de montar Bigelow con los primeros 15 minutos, con los llantos y los chillidos de las víctimas del 11-S, resulta conmovedor y el impacto provocado en el complacido espectador es totalmente altruista. Nadie necesita imágenes de ello, porque no habrá ni existirá nada tan chocante como los vídeos y las instantáneas que se difundieron poco después del atentado. Ahí Bigelow demuestra un buen trato con el realismo, pero las secuencias referentes a las torturas, me extasian. No veo lecturas ni trasfondo en una tortura plana, superficial, que ni raspa la corteza de la dureza de estos métodos tan sumamente criticados. Teniendo en cuenta que el primer cuarto de hora se dedica a perfilar a algunos personajes a través de la visión de estas imágenes, me reafirmo a la hora de decir que aquí me sobra metraje. Y pese a que Jessica Chastain sea una flor innata del talento interpretativo, su personaje no está a la altura de su calidad expresiva. Me resulta grotesco; no lo introduciría ni en una novela de espías mal construida. Pero este personaje, se supone que está rodeado de decenas de matices morales y éticos. Una pena que no acabe de conectar con él.


Puestos a repudiar algo de 'Zero Dark Thirty': el final. Si bien toda la película (a excepción del forzado comienzo) hace un repaso exhaustivo de la búsqueda del mensajero entre Bin Laden y otros miembros de células anexas, la muerte del responsable directo de los atentados del 11-S le deja a uno indiferente. Es imposible no emocionarse con el paseo de los helicópteros por la oscuridad de la noche entre las sierras, o con el asalto de los Seals al piso franco...pero, sinceramente, un público como el norteamericano, rabioso, deseoso de ver abatido a su enemigo número 1, aquí no encuentra satisfacción. Puede que así ocurriera: entre sombras. Que una bala tumbase a un ser en la noche, y que ese ser fuera Bin Laden, pero Bigelow, que se moja con temas como la tortura, el chovinismo y la crueldad ética, aquí se queda a medio gas. La 'película sobre la muerte de Bin Laden', donde, y aportando más franqueza al tema, el leitmotiv del filme era esa escena en particular, acaba con una incógnita que no resuelve con solvencia una saturada ópera de 150 minutos. Efectivamente, vemos un cuerpo caer, unas imágenes bastante pobres de una cámara de fotos no tan pobre, y una mirada, la de Chastain, que no me transmite nada. Ni sensación del deber cumplido, ni emotividad. No costaba nada ver claramente el rostro de Bin Laden (y si no era él, tampoco costaba vérselo al fallecido). La solución de este drama es demasiado tramposa como para considerarla merecedora de los elogios que le han llovido desde antes de su estreno. Lástima, no, decepción, porque a la hora de matar, más de uno se lo ha pensado: mejor no mojarse con esto, mejor hacerlo con temas polémicos como la tortura y el patriotismo exacerbado. Porque matar a Bin Laden es polémico,  pero está a otro nivel.

Por Simón Cano Le Tiec

Por favor, Katie, vuelve a la acción emocional.

Teoría del caos

El cine comercial no sabe de experimentos. Desconoce la idea de transgredir la norma y rebajarse al aire genuino de las óperas independientes, o por lo menos, algo más honestas. Este concepto se ha reafirmado tras el principio de siglo; ya no existe el ansia de creatividad que colgaba de la mente de realizadores de la talla de William Wyler, Cecil B. DeMille y, claro está, su homólogo más reciente, el indiscutible Steven Spielberg.

De espíritu meramente artesano, sus incombustibles creaciones siempre han desprendido un aroma de profundidad y frescura muy lejos de la superficialidad, algo que le acerca bastante al pulso firme y creativo del tono social de la obra de John Ford. Eso sí, no pasa de un mero acercamiento (porque compararse con Ford es un sacrilegio se mire por donde se mire), pero acicalado con esa grandilocuencia que tanto le atrajo a Spielberg de Centauros del desierto, así como su mescolanza de dramatismo humano (y social) y su sanguinaria violencia. De ahí a que Spielberg la tenga en un altar como la mejor película de la historia del cine. Desde el tratamiento de la tensión en Tiburón, pasando por el clasicismo de En busca del arca perdida hasta la crudeza visual de Salvar al soldado Ryan (o la de su olvidada Munich), se ha podido observar esa idolatría en forma de duras y complejas influencias. También hay espacio para su lado más lírico y literario, tándem que entregó allá por el año 1993, a través de La Lista de Schindler y Parque Jurásico.

Esta última, adaptación de la entretenida (y poco más) novela del siempre interesantísimo Michael Crichton, supone un giro bastante peculiar en la manera de enfocar el cine de aventuras. Nunca antes se había temido tanto a la naturaleza, aquí tratada de un modo tan brutal como simbólico. El contrapunto creado entre la calma y la paz, con la brusquedad de la acción, es determinante para que el espectador acabe inmerso en el caos biológico de Spielberg. La facilidad con la que maneja la expresividad del entorno es abrumador. La manera en que retrata la violenta y angustiosa caída de la lluvia sobre la tierra húmeda, bajo una luna empañada de sangre, es más de lo que se podría pedir de un mero taquillazo. El esplendor de la película no conoce límites; todo en ella nace como un canto al asombro, a través del penetrante sonido del horror, hasta el esperado momento en el que los admirables dinosaurios de Spielberg cobran vida. Y resulta inevitable recordar al genial Sam Neill, o a aquel curioso personaje que interpretó Jeff Goldblum antes de ser olvidado por todos, el matemático Ian Malcolm, que tantas vueltas le daba a la teoría del caos, divagando sobre el carácter imprevisible de la naturaleza.

Sus dos secuelas, muy por debajo del listón de la primera, nunca supieron recuperar la fascinación que había supuesto aquella magnífica cinta del ya merecedor del título de Rey Midas del séptimo arte.

Sin embargo, pese a que una cuarta parte ya esté en marcha, y prevista para verano de 2014, parece que existe un mayor interés en seguir esa extraña e inexplicable moda de los reestrenos en 3D. Su conversión a las tres dimensiones verá la luz el 23 de agosto de este año, después de los mediocres resultados en taquilla de revisiones de Titanic, La amenaza fantasma y Avatar. De hecho, con este severo batacazo y que las cajas fuertes se hayan resentido tanto (si bien la conversión no fue del todo costosa), han permitido que se niegue con contundencia aquello del todo vale. Obviamente, pocas personas en su sano juicio pagarían un sobrecargo por ver una película que ha pasado por la tijera de la era tecnológica, y ha regurgitado un par de fotogramas que, si, pueden ser algo más realistas que los de un DVD corriente, aunque la diferencia, básicamente, sea el par de gafas que a uno le obligan a ponerse. Para que luego aparezca uno de los responsables de semejante barbaridad, y diga que se aprecia mucho mejor la textura de los neumáticos de los todoterrenos. Si en ese sentido las productoras hubiesen sido algo menos codiciosas, habrían optado por reestrenarla directamente en 2D, y habrían hecho bien en obviar esa desfachatez que huele de lejos a moda pasajera mucho menos comercial de lo que aparenta. Malcolm puntualizaba aquello de la imprevisibilidad de la naturaleza, más que nada por compararla con la predecible codicia del hombre. Como él decía: "La vida se abre camino". Exacto. Pero el 3D, no.

Por Simón Cano Le Tiec
Este artículo salió publicado en la edición impresa del diario Málaga Hoy elmartes 19/2/2013
Lo puedes encontrar en: http://www.malagahoy.es/article/ocio/1463829/evolucion/clasico/y/teoria/caos.html

lunes, 18 de febrero de 2013

Mis Goyas 2013

Los Goya deberían haber sido más o menos así. Eso que pasó el 17 de febrero a partir de las 22:00 de la noche es mejor olvidarlo.



Mejor película: El artista y la modelo
Mejor director: Alberto Rodríguez por Grupo 7
Mejor actor: José Sacristán por El muerto y ser feliz
Mejor actriz: Aida Folch por El artista y la modelo
Mejor actor de reparto: Julián Villagrán por Grupo 7
Mejor actriz de reparto: Ángela Molina por Blancanieves
Mejor actor revelación: Joaquín Núñez por Grupo 7
Mejor actriz revelación: Macarena García por Blancanieves
Mejor dirección novel: Enrique Gato por Las Aventuras de Tadeo Jones
Mejor película europea: Shame
Mejor película hipanoamericana: Después de Lucía
Mejor guión original: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos por Grupo 7
Mejor guión adaptado: Manuel Rivas por Todo es silencio
Mejor película-documental: Mapa
Mejor montaje: José M.G Moyano por Grupo 7
Mejor fotografía: Álex Catalán por Grupo 7
Mejor música original: Alfonso de Vilallonga por Blancanieves
Mejor canción original: No te puedo encontrar (Blancanieves)
Mejor dirección artística: Pilar Revuelta por El artista y la modelo
Mejor diseño de vestuario: Paco Delgado por Blancanieves
Mejor maquillaje/peluquería: Sylvie Imbert y Fermín Galánpor por Blancanieves
Mejor sonido: D. de Zayas Ramírez, N. Royo-Villanova y P. Gutiérrez por Grupo 7
Mejor dirección de producción: Angelica Huéte por El artista y la modelo
Mejores efectos especiales: Pau Costa y Félix Bergés por Lo imposible
Mejor película de animación: Las aventuras de Tadeo Jones
Mejor cortometraje de ficción: Aquel no era yo
Mejor cortometraje-documental: Un cineasta en La Codorniz
Mejor cortometraje de animación: El vendedor de humo.

Goya 2013

En una noche como la de los Goya, independientemente de la calidad y el talento, se puede premiar o castigar a cualquier cineasta. Este año no será distinto. Puede que se recompense la honradez o puede que se castigue. Honradez como la de la magnífica Grupo 7, de Alberto Rodríguez. Ese crudo y realista drama policial, de personajes que lo pierden todo, mientras otros se pasan su cruel existencia recogiendo los pedazos del pasado que no consiguen olvidar, puede que tenga la misma suerte que tuvo No habrá paz para los malvados el año pasado. A Rodríguez se le da muy bien eso de explorar en los suburbios de la novela negra, de ahondar en el realismo de la jerga criminal y en los mecanismos de la moral policial. Porque hay moral. Ni detrás de la supuesta corrupción se puede esconder esa necesidad de custodiar la inocencia del pueblo que los policías, en este caso, los integrantes de esa agresiva brigada de élite, guardan en lo más profundo de si mismos. Es esa misma moral la que los lleva a romper, con violencia, todo aquello que intente penetrar en sus vidas, por no haber recabado lo suficiente en su insaciable perfeccionismo.

Pero fácil e injustamente podría imponérsele el pelotazo de Mediaset y Juan Antonio Bayona que ha sido Lo Imposible. No cabe duda de que Bayona posee una interesante capacidad para jugar con las emociones. Su dinamismo, ágil, pero volátil, no tarda en hacer acto de presencia. De hecho, pasados los primeros minutos de su trágico relato, nadie negaría que se recoge fácilmente el espíritu del James Cameron más manipulador. Lo imposible trata de enfatizar su encanto a través del silencio mientras exalta su conmovedora banda sonora, pero para eso ya tenemos a Terrence Malick. Aquí ese uso de la música chirría como cliché y en definitiva, resulta tramposo. La obra de Bayona comparte leit motiv con la sobrevalorada Titanic, pero el gancho, que aquélla llevaba como lastre durante casi tres horas, aquí lo sueltan a nivel comercial tras el primer cuarto de hora. El relleno, dulce y sencillo, cómo no, es conmovedor, aunque a decir verdad, lo que conmueve, ante todo, es la historia, en papel, que iba dando saltos de periódico en periódico, y no este superficial intento por hacerla más comercial.


Sin embargo, la favorita de la noche es la pálida Blancanieves de Pablo Berger. Por desgracia, entre tanto simbolismo visual del que presume, parece que el filme no oculta nada tras ese telón de aparente complejidad. Por supuesto, tanto Maribel Verdú como Macarena García se encuentran espléndidas, sobreactuando dentro de las leyes del surrealismo y claro, del cine mudo. Y aunque repleta de referencias culturales españolas, como ese solvente enigma que en Blancanieves representa el flamenco, acaba por ser uno de tantos poemas con ínfulas de complejidad emocional. Pero el que arriesga de verdad es Fernando Trueba, con su apasionante El artista y la modelo que recuerda, como relato sobre la pasión y el amor al arte a través de la belleza del cuerpo de una modelo, a aquella obra tan amarga y solemne que fue La bella mentirosa, de Jacques Rivette. Su magnífico Michel Piccoli aquí encuentra su homólogo en un sobrio y magnífico Jean Rochefort que ofrece una actuación repleta de matices destinados a encumbrar la figura del arte y la de su creador. Una obra que, gane o no gane esta noche (y lamentablemente todo apunta a esto último), será recordada por su fuerza y su clasicismo. Sin duda, la mejor oferta del cine español en años.

Por Simón Cano Le Tiec
Artículo publicado el 17/2/2013 en la edición impresa del diario Málaga Hoy.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1462496/criterios/honradez/para/la/sancion/y/la/recompensa.html

lunes, 11 de febrero de 2013

Resacón, si, pero inolvidable

Hay mucho más que humor socarrón detrás de Resacón en Las Vegas. Su director, Todd Phillips, ávido realizador de comedias como Road Trip y Aquellas juergas universitarias (dispuestas en la actualidad como vulgar carne de videoclub), despliega detrás de ella una multitud de homenajes a las comedias ochenteras de corte buddy movie (peli de colegas), además de referenciar las archiconocidas comedias del ya agotado (y agotador) John Landis (Granujas a todo ritmo). El buenrollismo que Phillips despierta entre sus personajes, el afable y carismático Bradley Cooper, el enigma de Zack Galifianakis, y el sosainas de Ed Helms, impregna todas las situaciones a las que son sometidos, bajo ese humor tan creativo e inteligente que, a priori, puede resultar algo superficial.


Sin embargo, no es la originalidad del planteamiento lo que despierta tantos elogios, sino la originalidad de su desarrollo, tan descacharrante como provisto de una comicidad sanísima, agradable y totalmente disfrutable. Se trata del punto de inflexión de las comedias yankis, que saltan directamente a la irreverencia sin pasar por la provocación, en algunos casos fingida y forzada, pero innata en el caso de Phillips. Sus brillantes gags dejaban bien claro que se trataba de una comedia demasiado joven para morir, por lo que su vida se tendría que prolongar lo máximo posible. No es de extrañar que fuera considerada como una de las diez mejores películas del año 2009 por el AFI, además de alzarse con el Globo de Oro a la Mejor Película-Comedia o Musical.

Su secuela, Resacón 2, se la puede ahorrar. Aquí Phillips se limita a clonar su exitosa fórmula y a trasladarla a un plano de juerguismo exótico como es Tailandia, bien alejado de la teta de su amada e idolatrada Las Vegas. Sin embargo, pese a ser una copia exacta de su antecesora, se deja su frescura y su osadía por el camino. Todo en ella (a excepción de alguna brillante ocurrencia) resulta tosco, vulgar, rutinario y atrozmente esquematizado. No destila aquel reconocible espíritu de saciedad adrenalítica, y allí, en Las Vegas, Phillips nadaba en un océano de referencias, pero aquí se ahoga bajo esa actitud de iconoclasta de la cultura indoasiática. A lo mejor los créditos, donde se encuentra esa vasta recreación de la noche de autos, consiguen arrancarle alguna sonrisa al decepcionado espectador que se ha arrojado a un infierno de más de hora y media.

Para alejarse de su evidente metedura de pata, Phillips volvió a sus orígenes, pero manteniendo ese espíritu de exaltación de la buddy movie con Project X. Aunque no dirigida por él (pero sí producida), iba conducida por su clásico efectismo. Su firma empañaba todas las caras de la cinta, que compartía el elitismo y el humor de Resacón, que no su estética, que en este caso rompía con la sutileza que se solía gastar Phillips. Pero es aquí donde esas descaradas influencias landisianas se manifiestan con más encanto y simpatía, entre el calor y la adrenalina de la noche.

Pero, pese a aquel batacazo que supuso Resacón 2, el público echa de menos esa suerte de relación amor-odio entre sus protagonistas, al igual que ese tratamiento de la intensidad dramática tan perjudicada con el paso de los años por otras tantas comedietas de turno. El 31 de mayo, la saga cerrará sus puertas como trilogía, con Resacón 3, donde volverán a Las Vegas, así como a otras populares ciudades del país, y supondrá la culminación de un experimento argumental que ha rozado tanto la perfección como el desastre.

De todas formas, Phillips ha demostrado un talento encomiable a la hora de enmarcar la iconografía de una ciudad como Las Vegas, un lugar donde los brillantes destellos del neón ciegan a los inocentes y los atraen hasta un circo por el que desfilan croupiers con las manos largas y strippers a las que les meten mano. Las noches transcurren con viveza y un sentimiento irresponsable y algo lascivo. El amanecer pone fin a las juergas y Las Vegas vuelve a nacer. El trío protagonista asimiló esta esencia, aunque no por ello ha cogido más experiencia; otro viaje a Las Vegas no supone otra cosa más que una locura; una revisión de los errores pasados y futuros, por no hablar de ese magnífico villano interpretado por el Ken Jeong de Community.

Phillips ha prometido remodelar la estructura argumental que le ha llevado a su inesperado estrellato, y por ello, Resacón 3 alberga la posibilidad de darle un carpetazo más que digno a su mejor trabajo hasta la fecha. Un resacón, eso sí, que sea inolvidable. Habrá que comprobarlo.

Este artículo se publicó en la edición impresa del diario Málaga Hoy el día 11 de Febrero de 2013.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1458137/resacon/si/pero/sea/inolvidable.html

martes, 5 de febrero de 2013

Después del fin: la reválida de un cineasta

A día de hoy, encaminarse a ver una película de M. Night Shyamalan es algo que va ligado al masoquismo, pura y mayoritariamente dañino. Hace poco más de diez años, decir esto hubiese sido impensable, cuando ese talento en bruto, arraigado a ese seductor y medido tratamiento del suspense (que iría cuidando con el paso de los años) obraba aquellos sensacionales trabajos que fueron El sexto sentido y El protegido. Por aquel entonces, Shyamalan era muy dado a recrearse en sus personajes, a engañarles y a atormentarles si era necesario, pero todo ello bajo un encuadre que buscaba la creatividad en el diálogo, y la continuidad en la pausa. En su infravalorada El bosque, magnífica cinta sobre el fundamentalismo social, torturaba la carne de su público con los gritos y las revelaciones de sus protagonistas, al igual que en su archiconocida Señales, que demostraba su particular habilidad para exprimirles hasta la última gota de sudor a sus actores. Sin embargo, esa etapa de lucidez temática frenó en seco con la llegada de La joven del agua, el casi autoproclamado principio del fin.

A Shyamalan se le agotaban las ideas, se llevaba las manos a la cabeza pensando como simular algo de originalidad al trabajar con las asperezas del surrealismo, mientras iba engendrando una fábula de dudoso corte dramático, que lo llevaría al desastre. Poco después, llegaría ese incomprensible relato de horror con ínfulas de radicalismo hippie que supuso El incidente, cuyas superficiales lecturas rozaban el agotador progresismo tan propio de los cineastas acabados.

Solo le quedaba suplicarle a los cuatro vientos que su siguiente batacazo (anunciado, por supuesto) no fuese tan estrepitoso. Poco caso le hicieron cuando Airbender, el último guerrero salió de la sala de montaje. En aquella cutre superproducción, de talante supuestamente épico, la agonía argumental de Shyamalan tocó fondo. Un filme escabroso, de espeluznante belleza digital, trazada a navajazos por un director kamikaze al que poco (o nada) le importa la opinión de aquel público que, en algún momento de su carrera, consiguió ganarse. Puede que ni él mismo recuerde su maestría narrativa en El protegido o su torturador genio en El bosque. De todas formas, es imposible seguir teniendo todos esos atributos en cuenta. Es inevitable caer en las tentaciones del éxito comercial; casi todos los grandes directores han caído en algún desvarío similar, pero nunca hasta el punto de llegar a encarrilar tres grandes fracasos, como es el caso de Shyamalan.

Si pretende ser algo más piadoso con sus espectadores, puede conseguirlo con su último proyecto, After Earth, un drama post-apocalíptico protagonizado por un Will Smith al que ya se le nota bastante perjudicado. Si su talento para hacer malabares con ciertos sentimientos en sus expresivas En busca de la felicidad o Siete almas nunca fue discutido, ahora presenta bastantes más dilemas acerca de su característica polivalencia artística. Sus numeritos cómicos, sus gracietas que aquí se sostienen gracias al magnífico doblaje de Daniel García, y que tan de moda estaban a principios de siglo, comienzan a resultar repetitivas. Su expresividad dramática, correcta, y aprovechada en unas cuantas ocasiones, acaba solapada bajo esa simpática personalidad que acaba por resultar agotadora. Si trata de demostrar que todavía le queda fuelle para redimir al tedioso director indio, va a tener que esmerarse, porque si su próxima película oculta una faceta de extrema ridiculez cómica, como fue el caso de El incidente, puede ir haciendo borrón y cuenta nueva. Fracasar con Shyamalan pesa bastante, y si no, que se lo pregunten a todo el reparto de Airbender, que todavía temen los tomatazos del público popular.

El odio que ha suscitado Shyamalan puede llegar a un punto y final, ahora que parece que ha decido tomarse en serio el dramatismo de un relato despiadado y cruel, como es el que trata de desarrollar en After Earth, que luce una apariencia de pulcritud que no rozaba desde hacía años, tanto a nivel artístico como emocional. De todas formas, obviando aquellas primerizas genialidades, M. Night Shyamalan empieza de cero. Una lástima.

Por Simón Cano Le Tiec

Este artículo se publicó en la versión impresa del diario Málaga Hoy el lunes 4 de febrero de 2013.
Lo puedes encontrar en:  http://www.malagahoy.es/article/ocio/1452949/despues/fin/la/revalida/cineasta.html