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Mostrando entradas de 2013

Lo mejor de 2013

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1.- El consejero  2.- Mud 3.-El gran concierto 4.-Siete psicópatas 5.- El camino de vuelta 6.-Stoker 7.-Rush 8.-Hannah Arendt 9.-Cruce de caminos 10.-La vida de Adéle

No basta con entender a Hitler

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Y hoy en día ¿quién se planta frente a Lars Von Trier, actual padrino del escándalo y la problemática del cine europeo, y le dice que lo que hace, mal hecho está? No tendría mucho sentido desbaratar el artificio cinematográfico de Von Trier únicamente por la falsedad de su personalidad, o incluso por su tendencia a crear a un universo sensacionalista alrededor de su obra. Todo, o casi todo, es humo, una neblina con la que Von Trier ha ocultado los desvaríos de una obra que contrapone las maravillas de un realizador con buena mano para el desflore emocional, con las bochornosos y tediosos manierismos del peor cine europeo. Lo mejor de todo ello es que a casi nadie se le ha ocurrido pensar que a Von Trier le gusta jugar más con su público que con la propia cámara. Ha ofrecido unos magníficos e insinuantes planos en la espléndida Melancolía, una atmósfera de opresión angustiosa en Anticristo y un relato para la posteridad con Dogville. El problema es que no hay continuidad…

El plan perfecto: hacer una tontería

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Hubo un antes y un después de Lock & Stock. Tanto para su director, Guy Ritchie, como para la forma de concebir una idea disparatada dentro de las fronteras del séptimo arte. Esta historia centrada en un grupo de amigos que deben desenvolverse como puedan en el mundo del crimen para pagar una deuda que cuelga sobre sus cabezas es uno de los pilares fundamentales del último ápice de originalidad existente a día de hoy.

Acompañada de una banda sonora de ensueño, perfecta para el ambiente que se respira en la cinta, años después de su estreno en 1998 sería considerada por muchos como una de las mejores películas inglesas de todos los tiempos, y supondría la base para que Ritchie pudiese elaborar un segundo cuento barribajero (Snatch, cerdos y diamantes) en el que, ahora sí, habría que poner un ojo en un director que más tarde se hundiría por colmar de rosas a su mujer y musa, Madonna, en Barridos por la marea, el tedioso remake de Insólita aventura de verano, de la ge…

De la devoción al caos

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Hay desingnios del cine de terror que parecen invadir los dramas humanos del realizador Darren Aronofsky. Pero cuando se habla de terror, Aronofsky no limita su obra a sustos basados en desmembraciones y lluvias de sangre, sino que se permite disertar sobre las sensaciones humanas cuando se las expone al horror, al aislamiento físico, a la ignorancia moral o incluso al descubrimiento personal. Este último caso se ejecuta de mil maneras, buscando un odio hacia sí mismo que experimentan los títeres de sus creaciones. El caos voluntario a la que los somete devora cualquier devoción física que no sea la que los ha llevado a su estado. Para sí mismos sólo existe una mea que obvia la oscuridad en la que se han sumido. Desde los heroinómanos de Réquiem por un sueño hasta la bailarina profesional de Cisne Negro (o el hastiado Mickey Rourke de El luchador), todos combaten un miedo que exprime sus fuerzas pero que no merma sus ganas. El horror de la devoción única.



Visualmente atrevida…

Genio con minúsculas

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No existe universo capaz de formular la quimera del director y guionista Wes Anderson. Puede que sea éso lo que permite apreciar su obra con total dedicación. Sin embargo, no nos engañemos, su cine no es para todos. Su eficaz y producente tendencia al surrealismo puede resultar tan entrañable como difícil de digerir, en especial en Rushmore, uno de sus primeros trabajos, con el que dictaría sentencia sobre su estilo a la hora de plasmar las emociones humanas. No es nada extraño; en toda su filmografía se trabaja con personajes, sentimientos y comportamientos de una importancia vital (tales como la niñez, el enamoramiento, la madurez, la paternidad...), pero todo ello sobre un plano que, para exaltarlos y que cobren su meritoria trascendencia, han de alejarse terriblemente de la realidad. O no tanto, según se mire. No consigue abrirse a un gran público por la apatía que irradian sus personajes, que oculta una ambigua batería de lecturas emocionales, es decir: sus actos no…

(In)sensible

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Los que recuerden The Wire, aquella magnífica serie que ahondaba en el Baltimore más crudo y despiadado: el infestado de capos del narcotráfico y policías de dudosa moralidad, hoy en día se debaten entre la citada y una maravilla que ya ha conquistado a un gran público por una calidad técnica y artística prácticamente insuperables: la premiada Breaking Bad.

Las claves de su éxito son diversas, pero esta serie sobre un profesor de química que comienza a elaborar y distribuir metanfetamina para mantener a su familia tras su muerte (predecida tras serle diagnosticado un cáncer de pulmón inoperable), ha planeado sobre una audiencia con miedo a la complejidad de los dramas que emplean el formato televisivo para evolucionar como realmente debieran.






En su primera temporada, se denota un ritmo frágil, inestable, y en cuyo argumento se desarrolla, nunca mejor dicho, el comienzo del mal. Se proponen tesis que suenan (demasiado) a la trascendencia de un buen Dostoyevski, y de ahí a …

"Remember...?" El final de Dexter

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"Ésta es la noche", espetaba Dexter Morgan al principio de este poderoso show. El telespectador, por el contrario, advertía: "Ésta es la serie". Efectivamente, lo ha sido. Puede que por realizar a un personaje insensible, por ponerle un anillo de boda y a un retaco entre los brazos a uno de los asesinos en serie más brutales de la televisión, pero tras verle desmembrar a violadores, asesinos y pederastas, ha sido imposible no empatizar con alguien, que, reducido al mínimo, es un hombre con problemas. No sabe cómo afrontar una fraternidad perdida, una caza de brujas, un matrimonio y una paternidad que ya implican una latente humanización del personaje.





Sin embargo, Dexter, personaje y serie, se han ido a pique. Las últimas temporadas han sido tan diferentes a las primeras que bien podrían ser otra serie distinta. Tras una octava temporada que arrancó con un lenguaje que todos conocían, el de la tensión liberada y la vida renovada vivido en la tercera con…

El galán se reinvindica como cineasta

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Creer hoy en día que las personas que opinan que George Clooney ha sobreexplotado su inherente elegancia de playboy son una minoría es algo que llama a la incoherencia. Es tal vez demasiado obvio que su faceta de galán mujeriego con el bolsillo bien amueblado le ha podido encasillar. De todas formas, no se le puede acusar de ser un actor plenamente expresivo. Es cierto que posee la porte necesaria para aportarle a Hollywood ese clasicismo que está perdiendo tanto en presencia como en esencia, pero si algo se le da bien a ese imperio del entretenimiento es a distinguir el talento del talante.

 Por otro lado, la cara más interesante de la carrera de Clooney, es la que corresponde a su etapa de director, que comienza con un filme sobrio, espléndido, Confesiones de una mente peligrosa, que ironiza la vida del productor de televisión Chuck Barris, creador de, entre otros programas, aquél en el que una mujer elegía pareja entre tres pretendientes a los que no podía ver en nin…

El prisma de la opresión

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Es posible que existan pocos directores con la fórmula eficaz para alcanzar, con calidad y técnica, al gran público, algo que bien se permitieron maestros de la (enorme) talla de John Ford y Stanley Kubrick. Steve McQueen, además de compartir nombre con el magnífico Nevada Smith, es uno de los directores más injustamente aparcados de la actualidad, que posee una escasa filmografía con dos cintas (Hunger y Shame), ambas obras cumbre del cine moderno.






Hunger humaniza dentro de lo posible, a cierto preso integrante del IRA que fundamenta sus crímenes en algo más de lo que se le ha estado vendiendo al mundo. Al mismo tiempo, procede a narrar con efectismo la crueldad que empaña su existencia, no sólo con lo que a los demás respecta, sino con lo que respecta a sí mismo. Se propone una dura dicotomía en la que el protagonista podría querer morir de hambre no sólo para reivindicar su posición, sino para arrebatarle el control sobre su vida a los demás. En cierto modo, en ello ra…

Razón de vida a las puertas de la muerte

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No hace mucho tiempo, interesarse por los trabajos de Matthew McConaughey habría supuesto una acción tímida y desbancada por los sabiondos que encasillan con demasiada rapidez tanto a actores como a sus admiradores.

Su notable acento texano inunda sus frases y las carga de una naturalidad tal que angustia la simple idea de que un ser humano pueda actuar tan a la ligera a través de acciones tan trascendentes. Esto se explica por sí solo en Killer Joe, El inocente y la reciente y maravillosa Mud, de un director adicto a representar las consecuencias de la vida en todos sus personajes, llamado Jeff Nichols.

Con respecto a Killer Joe, donde Matthew McConaughey interpreta a un enigmático sicario, este actor es capaz de formular el temor y la admiración por partes iguales hacia un personaje grotesco y atemporal, que bien podría haberse sacado de una novela de Cormac McCarthy. La imposición del cúmulo de sensaciones que es capaz de crear el personaje, en este caso, es gracias al…

'Pelotas' fuera

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Este pasado viernes se estrenaba la esperada secuela de 'Kick Ass', basada, a su vez, en la secuela del cómic 'Kick Ass' de Mark Millar y John Romita Jr. En su momento, para el que no le prestara atención al fenómeno despertado con la primera entrega, se desató un particular encanto por su historia y personajes. Más que nada, se elogió y aplaudió una interesante pero tediosa filigrana argumental que jugaba con las leyes de los filmes de superhéroes (el entrenamiento, el traje...) donde destacaba la motivación del héroe, precisamente, por su ausencia. No había ningún trauma infantil (de hecho, hay una referencia a que la tragedia crea al héroe por su necesidad de venganza); ninguna oscuridad subyacente en la mente de un protagonista mentalmente desequilibrado, por lo que el punto de partida rompía con los designios del género, dando lugar a una pretendida sátira absoluta del cine de superhéroes.
Empezando por el cómic original de la citada mano de Mark Millar, cabe dec…

El décimo hombre: Guerra Mundial Z

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Estoy perplejo; salgo de ver Guerra Mundial Z. Muchos detalles me abruman. Efectivamente, los problemas de producción se dejan notar en la película. Hay tijeretazos dignos de un ataque de rabia de Terrence Malick, pero no por ello me sorprende tanto este intento de película de zombies. Quedo impactado por el resultado visual: impecable. La fotografía se balancea con elegancia entre las proezas de la era digital, y la fastuosa belleza a la que suele clamar Marc Forster para llamar la atención (vean los primeros 10 segundos de Quantum of Solace para comprenderme). Ahora bien, una situación...no, más bien, una conversación, es la que me llama particularmente la atención de esta película. El personaje de Brad Pitt un (ex)investigador de la ONU, va dando vueltas por el mundo para encontrar al 'paciente cero' de la epidemia zombi. Sus viajes le llevan a Israel, donde se encuentra con un importante agente del Mossad. Al parecer, gracias a él, se tomó en cuenta cierto email en el que…

De Dioses y monstruos de la actualidad

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De Dioses y Monstruos hace ya 15 años. Aquel personal relato sobre los últimos días del director James Whale (director de, entre otras, la primera película de Frankenstein) resultaba plenamente cautivador por la omnisciencia del pasado de su protagonista. No le permitía dar un paso adelante sin recordarle a alguna situación semejante años atrás. Por ello, Whale ( interpretado por un Ian McKellen en estado de gracia) huía de su pasado, y hacía caso omiso de él, actuando con total libertad, o al menos, intentándolo. La amistad que traba con su jardinero ( interpretado por Brendan Fraser), que no para de recordarle las diversas relaciones que tuvo con varios jóvenes a lo largo de su vida, acaba con el hombre y hace resurgir al pasado. Irónicamente, Whale (en la película) se considera a sí mismo un monstruo, pero no por su propia visión de sí, sino por la de los demás, que lo han acabado marginando, pese a ser artífice de una de las quimeras más visionarias del séptimo arte…

Psique y violencia, de Oriente a Occidente

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Hace unos cinco años, Steven Spielberg andaba detrás del remake de una película coreana que acabó abandonando a finales de 2009. La susodicha cinta era Oldboy, la considerada obra maestra del director Park Chan-Wook. Tras dos años de la suspensión del proyecto, el director Spike Lee (Malcolm X) se puso a los mandos de este trabajo.

Aquél que desee ver Oldboy se dará de bruces con un lienzo mal acabado, de amplios y supuestamente bellísimos planos vacíos de sustancia, y que suponen un somnífero para el que empieza a suspirar hastiado viendo lo que le queda por aguantar. De hecho, el manierismo de Chan-Wook es uno de los principales culpables de que su obra se vea como un ejercicio demasiado abstracto. Sympathy for Mr. Vengeance, la mejor película del coreano, ahonda en la carga emocional de sus secuencias, exprime su significado y se digiere, en su totalidad, tal y cómo se lo propone. Allí, donde un sordomudo trabaja en una fundición, obedeciendo a los cambios de turno seg…

En el desierto, nadie puede oír tus gritos

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A día de hoy, decir que la lucidez del realizador británico Ridley Scott ha sido puesta en evidencia es quedarnos cortos. No se le ve ducho en su materia, ni en los mecanismos de su tan elocuente realismo visual, ni tampoco en sus concesiones artísticas. Hace ya años que el Scott primigenio, con ganas de asentar en su obra una determinada estirpe de personajes atemporales, y de alcanzar un nivel de detalle inalcanzable para la mayoría (la tan fría como intensa Black Hawk deribado puede atestiguarlo) dejó paso a un adicto a despliegues de suntuosos paisajes, pero también, a un narrador desvalido del discurso que tanto le valió en sus primeros tres cuartos de carrera. Su cine ahora carece del acentuado lirismo de Los duelistas y Gladiador, o de la lograda dialéctica social y moral de Thelma y Louise y de Blade Runner
Recientemente, Scott se metió en camisa de once varas con su esperadísima Prometheus, con la que sus más arduos seguidores hemos tenido que profundizar en las oquedades d…

Hablando con David Lynch

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-¿Qué te parece el cine de Scorsese?
David Lynch: Una mierda.
-¿Y el de Ford?
DL: Una mierda.
-¿Y el de Wilder?
DL: Una mierda.
-¿Y el de Lang?
DL: Una mierda.
-¿Y el de John Waters?
DL: Una mierda, pero muy interesante.
-¿Cuál es para usted la cosa más normal del mundo?
DL: Suelo jugar al Blackjack con fichas de dominó mientras el croupier va vestido de conejo mientras me recita, la sucesión de Fibonacci. Todo bajo una luz verde rojiza, un tono al que he llamado, no te lo pierdas: amarillo.
-¿A quién votará en las próximas elecciones?
DL: A tu puta madre, que está muy sobrevalorada.
-¿Está usted infravalorado?
DL: Joder, mis nosecuantos miles de fans en twitter me infravaloran demasiado. Pensaba haber hecho muchas pajas mentales, pero parece que no fueron demasiadas.
-¿Qué le parecen las mujeres?
DL: Sobrevaloradas.
-¿Y los hombres?
DL: Sobrevalorados.
-¿Y el ser humano?
DL: Una mierda, menos cuando hablo de ellos en mis pelis. Cuando hice Twin Peaks, propuse que cada capítulo fuera…

Fatigados katsas

En esta escena de 'Munich', el katsa interpretado por Eric Bana, discute sobre la conflictiva relación entre Israel y Palestina con, irónicamente, un palestino. El problema no es que discuta, el problema es que para ser un katsa, un soldado que únicamente da parte de sus actos a la Primera Ministra Golda Meir (y a Dios, por supuesto), no sepa rebatir la insistente moral ideológica (que, involuntariamente, llevará en la sangre) de un palestino, sin recurrir a demagogia barata. '¿De verdad quieres esas tierras para tus hijos?' le reprocha. Técnicamente, para rebatir una opinión como la del susodicho palestino, lo que él quiera o no es irrelevante; el conflicto no depende de él, depende de un ideal general, y algo de semejante calibre no puede intentar ponerse contra las cuerdas con demagogia sensiblera como la empleada por el katsa. Tan fácil como decir: 'ese territorio es nuestro, y punto. Arrebatádnoslo si podéis'. Total, aqui no hay que convencer a nadie. Sus …

Incomprendido antihéroe

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Se podría identificar fácilmente como un ejercicio de suspense a través de matices, de miradas, obscenas, perversas, tan maquiavélicas como los ensayos forenses que su protagonista ejecuta con sus víctimas. Dexter es esa serie nacida de un autor que bien conoce los entresijos de la inadaptación humana, Jeff Lindsay, pues su casi bíblico protagonista vivió bajo el amparo de su propia personalidad, y de nadie más.



Dexter no mata a los que matan. Ello implicaría que, al volver a su acogedor apartamento con la brisa playera a sus espaldas, y el 'trabajo' hecho, debería acuchillar su cuerpo hasta caer muerto. Dexter ajusticia a la psicopatía que ronda por el mundo; es su naturaleza. Apuñala, decapita y desmiembra según su autoconsciente locura, redirigida y adoctrinada por un perjudicado padre al que la injusticia le arrebató todo lo que le quedaba de salud. De todas formas, sigue siendo muy particular la forma en la que Harry reprimió la sed de sangre de su hijastro…

Persas, griegos y fuegos artificiales

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El poderío visual de Zack Snyder, que en su momento fuera elevado a los cielos y glorificado por masas de espectadores que veían en él el auge de la era digital, hoy en día, parece ponerle en evidencia. Frank Miller, autor del cómic en el que se basaba 300, traza la acción desde una perspectiva solemne y lírica, para que la acción cuadre dentro del marco, y así se equipare un tono idílico, el que influye con su tan europea narrativa, con otro más explícito y sanguinario. Snyder trabajaría con este material, y le daría forma con esas técnicas que cree saber manejar con destreza (tal es el caso del exasperante slow motion, la cámara lenta que no solo ralentiza el tiempo, sino que, en el caso de Snyder, aletarga el metraje). El problema es que el trabajo de Miller, llevado a la gran pantalla con la pretendida grandeza visual y la pomposidad características de Zack Snyder, se pierde. El efectismo de Miller no cabe en el cine. Se idolatra su famoso cómic Sin City, pero toda…