Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

jueves, 30 de agosto de 2012

La historia de los complejos desobedecidos

Una mirada
Atraído por las tragicómicas desgracias de los relatos del humor inteligente patrio, aquel que, tras lustros de historias sin sentido, rebuscadas y plasmadas en un marco de órden (por lo general)  político , seguían sorprendiendo tanto entre sus escuetas apariciones en el programa Nuevos Cómicos de Paramount Comedy, me decidí a dedicarle un poco de mi tiempo a ese escaparate tan innecesario para algunas celebridades, llamado El club de la comedia. Veo que los directivos de La Sexta, un canal que no alza el vuelo desde hace meses, abren el baúl de las viejas glorias, y sacan de él algunos cómicos que ya parecían olvidados. Ejemplos tan grandiosos como Quequé, el artífice del relato voraz, y del enamoramiento del realismo y la autodestrucción. Sin embargo, como telonera de todos los cómicos y demás personas que desfilan por el programa, es una dama llamada Eva Hache, que resultó ser la ganadora del anterior certamen del programa. No he visto los monólogos por los que consiguió el éxito, aunque he tenido la particular desgracia de ver los que la siguen manteniendo como anfitriona del programa. Independientemente de si a esta señora le escriben o no sus monólogos, su persona desprende un aire de egolatría y pretensión dignas, únicamente, de los niñatos/as que insultan a la plebe por no pillar sus chistes. Hablando de sus historias, tan vacías en cuanto a mensaje como en contenido, suelen ir envueltas bajo un tono de promiscuidad política que son bien recibidas por el público, pese a que las dos o tres palabras que haya llegado a esbozar no tengan el más mínimo sentido. 
Durante los 4 exasperantes minutos que suelen durar sus intervenciones, la denominada 'cómica' que porta consigo el título de 'presentadora',  se dedica a hacer malabares con un pastiche temático tan bochornoso, que parece colocada ahi, en medio de todo el público, para que puedan  hacer escala entre las carcajadas que habrán soltado con los cómicos de verdad, y poder discutir sobre las genialidades que han escuchado anteriormente, sobre la salud de colegas o amigos a los que no ven desde hace años, o incluso sobre los rolletes de la vecina del 5º. El espacio en el que Hache desarrolla sus relatos no puede haber sido diseñado para otra cosa. La muchacha parece implicarse a fondo, pero no se luce en ningún momento. Separa sus labios a duras penas, sonríe al público con una mueca de desprecio y sin embargo es aplaudida por el pueblo. Sin duda, la reina del humor sin gracia.

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