Diario de un crítico

Blog personal del crítico de cine Simón Cano Le Tiec.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Las peores películas de 2012

Crítica 'The Walking Dead: The Game' - A new day


'El problema de las falsas apariencias'

Hace apenas un año que 'The Walking Dead' comenzaba a vivir un tedioso letargo, peor que el que podría haber estado sufriendo  a mediados de su decente primera temporada. Es probable que el intento de la serie por parecer más trascendental de lo que era realmente, o de aparentar cierto estilo a la hora de hacer malabares con las emociones de sus protagonistas, acabara asesinando, despiadadamente, la tensión con la que había estado sometiendo al espectador durante una primera temporada bastante agradable.
Dicho bajón en la calidad de la serie ha podido propiciar que 'The Walking Dead: The Game' no use la serie de televisión como telón de fondo, y si la interesentísima serie de cómics en la que se basa. El intelecto de la novela gráfica, desprendido a ratos entre el cuidado entintado de la desesperación y la masacre, es idóneo para que algo tan grande como es un videojuego pueda llegar a abrirse camino.


El primer capítulo, titulado 'A New Day', fuerza la fórmula de las aventuras gráficas para ofrecer un divertimento que va más allá de lo que podría haber supuesto realmente.
Al juego no le cuesta arrancar; comienza con un plano que ha deleitado tanto a seguidores del cómic como de la serie, con la lujosa Atlanta de fondo, mientras avanzamos hacia lo  previsible. Pronto, el protagonista, un icónico personaje llamado Lee, se verá rodeado de visceras y miembros cercenados, intentando mantener a salvo una pequeña parte de inocencia que intenta huir de la evidente pérdida de su familia, y que reside en el alma de una niña llamada Clementine. Por ahora, el primer episodio de esta serie de 5 capítulos ha conseguido perfilar ciertas emociones a las que les falta algo más de realismo para aparentar la crudeza de su homólogo gráfico.

Eso sí, todo ello sirve para ocultar su flanco débil: su endiablado guión. Pese a que el tratado de la adrenalina y demás sensaciones humanas sea uno de los mejores en el panorama actual, la gran mayoría de sus diálogos son realmente insustanciales. Al poco tiempo de comenzar a jugar, y sin saber cómo, tu habilidosa mano derecha ya ha creado más conflictos sociales de los que podrías llegar a cometer con tus dos puños en la vida real. La inseguridad del protagonista es determinante en las situaciones donde los personajes secundarios comienzan a inmiscuirse en su pasado. Este tipo de situaciones (odiosas, como mínimo) comienza con un imprevisto diálogo del que sólo eres partícipe en un 25%.  A las cuestiones de los demás personajes, debes responder de una manera rápida y selectiva, intentando que no vean segundas lecturas en tus respuestas, o intuyan alguna evasiva por tu parte.

He acabado el primer capítulo, y no estoy muy seguro de cómo me llevo con todos los personajes. Algunos ya me odian de manera irascible (por motivos que desconozco) y otros me aprecian porque he mostrado hacia ellos un trato más favorable que el que han recibido los demás por mi parte.
En cualquier momento, y solo por curiosidad científica, volveré a empezar el juego, manteniendo el silencio en todas las conversaciones, únicamente para joder a los desarrolladores, y ver que final le han preparado a un personaje que no suelta prenda en todo el juego.

Para ser una entrega inicial, ya ha puesto todas las cartas sobre la mesa. Es obvio que las subtramas irán a más, y que los personajes que están por venir irán colocados con calzador, pero ya se está perfilando a un protagonista que estaría dispuesto a morir por preservar la inocencia de su adorable protegida.

lunes, 1 de octubre de 2012

Controlando la profundidad

Todo seguidor del descontrol moral del grandilocuente Dexter, personaje atemporal, de caracter sosegado y fría amabilidad, estaba esperando la madrugada del 30 de Septiembre para poder sentir la fría brisa del Miami nocturno, y apreciar la elegancia con la que Michael C. Hall ejecuta toda su incesante rabia sobre los cuerpos de los deshechos de la sociedad.
Tras casi dos temporadas haciendo malabares con nuevas emociones para este asesino en serie, por fin se ha aplicado la carga de oscuridad necesaria para que las punzantes líneas de Jeff Lindsay (autor de la serie de novelas en las que se basa la serie) se conviertan en un interesantísimo lienzo sobre el que perfilar lo que todavía no se ha esbozado sobre Dexter Morgan. La obra de Lindsay, bella, oscura, algo descompuesta por momentos, pero en conjunto, apasionante, encuentra su idealización en 3 temporadas que han sido claves para que esta serie tenga la reputación que se merece. En este caso, la segunda temporada, obra maestra del tratado narrativo y de la representación del caos (y que a su vez, mama de las relaciones personales que se plasman en 'Querido Dexter', la segunda novela de Lindsay) es la única que se podría tachar de insuperable, pese a que sus temporadas 'vecinas' (1ª y 3ª) aporten un peso argumental casi tan característico como el de ese intermedio en la maduración del personalismo de Dexter. Hablando del análisis posterior al que el personaje de Michael C. Hall se ha visto sometido, uno se podría encontrar con la falta de creatividad que las anteriores temporadas habían estado desprendiendo a chorros. Puede que la 4ª Temporada, ágil ensayo sobre la tensión televisiva, supere a la 5ª, espléndida dentro de sus círculos argumentales secundarios, y a la 6ª, que únicamente, se valía de su estética de vanguardia para desarrollar su comercial historia. Sin embargo, con el inicio de la 7ª, la serie ha alcanzado un nivel de genialidad tal que desborda su primer capítulo. Vuelve a trabajar con los característico parones de tensión que la definían en sus impresionantes inicios, y lo hace con la frescura de la profundidad con la que se siguen tratando las diferentes facetas emocionales de Dexter Morgan. Debra, hermanastra del asesino, embadurnada en  un maquillajeque afronta las lágrimas a duras penas, cuya mente atraviesa momentos cruelmente complejos,  y cuya experiencia le es innecesaria para enfrentarse a una vida de engaños, donde el juicio al que somete a su hermano, es todo menos agradable, tanto para él, como para el espectador. Es el punto de sadismo que se aplica sobre un personaje donde no faltan los mátices, donde reside la humanidad que cada ser oculta por miedo a que no le represente como un aunténtico ser humano. Pero la gran noticia es que sí, Dexter ha vuelto, y no uno cualquiera. Ha vuelto aquel que se fue tras la 4ª Temporada para darle más peso argumental a sus tímidos compañeros de reparto.

martes, 4 de septiembre de 2012

Eyaculación lacrimal

No es complicado darse cuenta del error cometido por las campañas publicitarias actuales que se dedican a venderle al público un culto al cine como un despropósito del montón, con lo que al espectador no le queda otra que rendirse al marketing de las grandes productoras. Errores como éstos son los que se han cometido con cintas de producción independiente, pero los publicistas pecan en exceso de su propia seguridad. Shame, se ha vendido como reivindicación del erotismo, como otro de tantos análisis sobre el comportamiento sexual. Y se trata de una contradicción.

El producto de Steve McQueen puede resultar falto de clase; sin embargo, su elegancia visual es inflanqueable. Muchos lo dudarán, pero la carga erótica de la cinta es mínima (o nula, según se vea). El desnudo femenino podría ser vivo, intenso y apasionado, pero en su empeño por tratar la adicción a su presencia acaba representándolo como algo mecánico y frenético, casi al borde de lo colérico, donde las prisas desarrollan la sensualidad hasta convertirla en una anemia descontrolada. Con esto McQueen demuestra que el adicto al sexo no camina buscando belleza ni lapasión, sino el saciar una líbido llevada a los límites de lo moralmente censurable, y acaba por realizar un retrato crudo y sórdido de la estabilidad de un mundo tan propenso a la rutina. Después de todo, alterarle la vida a un hiperactivo sexual es como derribarle un castillo de naipes a un hooligan irlandés: imprevisible.

El método de McQueen es eficaz y certero. Se deja influir por la esencia retro de las noches de neón californianas, solo que aquí nos las traslada a una Nueva York de paseos laberínticos insinuantes y morbosos. Pero que nadie se equivoque; esta cinta no vive del detalle, ni del desnudo, ni del sexo. Es más, en su mayor parte, McQueen se limita a diferenciar el sexo hablado del que posteriormente se encarga de dibujar. El conjunto acaba atropellado por la velocidad con la que se ejecuta, y las sábanas no se han ni revuelto para cuando todo ha llegado a su fin. Atención, la campaña publicitaria red-band de Shame se ha centrado, únicamente, en el lado más comercial de una tragedia personal, lo cual demuestra la visión que se tiene de los espectadores actuales.

El actor Michael Fassbender, titánico en su labor, se reinventa a cada paso que da, y aquí no se queda atrás; es capaz de mostrarnos al adicto en sí, al que se alimenta de gritos y gemidos todas las noches, y al adicto a la propia vida que se ha labrado, la que se basa en poner la otra mejilla (la que no está manchada de pintalabios) y en esconder su privacidad en lo más profundo de su persona. Nos debilita saber que a un ser como el adicto al sexo sólo le basta un empujón para caer en el caos. Rehacer su vida tras la tormenta es otro cantar, aunque habrá valido la pena intentarlo si tras ello siente un mínimo de vergüenza por los extremos a los que ha llevado su existencia. Por un lado, se le acabaron las noches de juerga y orgías, por otro, puede que haya perdido lo que más necesitaba. McQueen acaba de firmar una portentosa epopeya emocional, y vienen importando más las formas con las que nos la otorga, que el trasfondo en sí. Lo vendan como lo vendan, el producto seguirá siendo el mismo; si el público se quiere permitir el lujo de perdérselo, allá él. Avisado está.

Puedes encontrar este articulo en: El diario de Sevilla

lunes, 3 de septiembre de 2012

La quebrada columna de la comedia española

La actual comedia negra española sigue demasiados estereotipos como para llegar a hacer escuela. El humor patrio no resulta ni elegante ni mordaz a la hora de pincelar algún que otro rasgo del personalismo del director. Pero, por otra parte, hay algo que no es precisamente un logro al tratarse de uno de los aspectos más dotados del género: la oratoria a la provocación que se pretende crear. La respuesta es sencilla, y efectiva; las salas se llenan de espectadores con tal de ver un desnudo protagonista y comentar el coste de semejante chute de silicona. El fallo reside en que, al tratar de alejarse demasiado de la naturaleza satírica del humor norteamericano (o inglés), se esté generando una categoría basada precisamente en esa esencia. Nacho Vigalondo no se ha aferrado ni a mostrar su temperamento creativo, ni a producir calcados estadounidenses. Sin embargo, tampoco puede presumir de haber concebido algún referente, y Extraterrestre representa el abandono de ese tanteo tan dejativo. Lejos de su mucho menos que honesta campaña publicitaria, la propuesta de Vigalondo no va más allá de lo trascendental; es más, el proyecto se reprime continuamente a sí mismo para no estructurar una cinta demasiado ambiciosa.

Esto, como modestia, resalta con brillantez, pero no deja de crear una grave animadversión por un producto algo simplista, que carece del fondo desconocido que muchos suelen anhelar ante esta clase de cintas. Al final hay que reconocer que Vigalondo es menos intimista de lo que realmente pretende hacer parecer. 7:35 de la mañana forma parte de aquellos visionados que gustan enormemente más la primera vez que se aprecian, pero que con el paso del tiempo se van debilitando hasta crear esa reticencia que todos llegan a presentar. El caso de Vigalondo es, además, complejo, puesto que nace de una serie de conjeturas algo desmesuradas, que depositan esperanzas en proyectos muy complicados de exportar. Tome alguna secuencia tarantiniana de las muchas que encontrará, como por ejemplo los casi veinte minutos de ansiedad existencial en la taberna La Luisiane de Malditos Bastardos. Redúzcala a menos de un cuarto de hora, e introduzca un poco de persuasión emocional. El resultado: una matanza insustancial y cursi by Vigalondo. Extraterrestre, sin embargo, puede resultar más que atractiva por el dinamismo con el cual se introducen a todos los protagonistas. El alien se descubre a través de cada mirada, de cada acelerón evasivo, y de cada acto imprevisto, revelando que no se conoce del todo bien a nadie hasta que se le ha llevado a ciertos extremos físicos o mentales, tal y como clamaba el discurso de Heath Ledger en El Caballero Oscuro.

Si la imprevisibilidad del ser humano se muestra tan comprometida, puede que haya que replantearse lo que de verdad podría llegarse a hacer si de la noche a la mañana una invasión alienígena asediara el planeta. En el caso de Extraterrestre, despertarse junto a Michelle Jenner no presenta demasiadas complicaciones, aunque compartir techo con un Raúl Cimas más histriónico de lo normal puede llegar a considerarse como un peligro existencial. Vigalondo sella la obra con horchata, casi dejándola a merced del carisma de su reparto, creando una firma elegante y respetuosa hacia los clichés a los que tanto pretende englobar; sólo le hubiese hecho falta alejarse más del funesto modelo instaurado por sus compañeros, del que todavía sigue haciendo gala.

Puedes encontrar este artículo en: El diario de Sevilla

jueves, 30 de agosto de 2012

La historia de los complejos desobedecidos

Una mirada
Atraído por las tragicómicas desgracias de los relatos del humor inteligente patrio, aquel que, tras lustros de historias sin sentido, rebuscadas y plasmadas en un marco de órden (por lo general)  político , seguían sorprendiendo tanto entre sus escuetas apariciones en el programa Nuevos Cómicos de Paramount Comedy, me decidí a dedicarle un poco de mi tiempo a ese escaparate tan innecesario para algunas celebridades, llamado El club de la comedia. Veo que los directivos de La Sexta, un canal que no alza el vuelo desde hace meses, abren el baúl de las viejas glorias, y sacan de él algunos cómicos que ya parecían olvidados. Ejemplos tan grandiosos como Quequé, el artífice del relato voraz, y del enamoramiento del realismo y la autodestrucción. Sin embargo, como telonera de todos los cómicos y demás personas que desfilan por el programa, es una dama llamada Eva Hache, que resultó ser la ganadora del anterior certamen del programa. No he visto los monólogos por los que consiguió el éxito, aunque he tenido la particular desgracia de ver los que la siguen manteniendo como anfitriona del programa. Independientemente de si a esta señora le escriben o no sus monólogos, su persona desprende un aire de egolatría y pretensión dignas, únicamente, de los niñatos/as que insultan a la plebe por no pillar sus chistes. Hablando de sus historias, tan vacías en cuanto a mensaje como en contenido, suelen ir envueltas bajo un tono de promiscuidad política que son bien recibidas por el público, pese a que las dos o tres palabras que haya llegado a esbozar no tengan el más mínimo sentido. 
Durante los 4 exasperantes minutos que suelen durar sus intervenciones, la denominada 'cómica' que porta consigo el título de 'presentadora',  se dedica a hacer malabares con un pastiche temático tan bochornoso, que parece colocada ahi, en medio de todo el público, para que puedan  hacer escala entre las carcajadas que habrán soltado con los cómicos de verdad, y poder discutir sobre las genialidades que han escuchado anteriormente, sobre la salud de colegas o amigos a los que no ven desde hace años, o incluso sobre los rolletes de la vecina del 5º. El espacio en el que Hache desarrolla sus relatos no puede haber sido diseñado para otra cosa. La muchacha parece implicarse a fondo, pero no se luce en ningún momento. Separa sus labios a duras penas, sonríe al público con una mueca de desprecio y sin embargo es aplaudida por el pueblo. Sin duda, la reina del humor sin gracia.